Aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia (10 – Fin)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Corpus Juan Delgado, CM · Año publicación original: 2015 · Fuente: Vincencianismo y Vida Consagrada, (XXXIX Semana de Estudios Vicencianos), Editorial CEME, Santa Marta de Tormes, Salamanca, 2015, p. 405-450..
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10.- La circularidad vicenciana: de Cristo a los pobres, de los pobres a Cristo.

Para concluir esta reflexión sobre la aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia, me parece oportuno referirme a la “circularidad” vicenciana: de Cristo a los pobres, de los pobres a Cristo1.

“Amemos al Amor”, escribía Santa Luisa contemplando a Cristo clavado en la Cruz. Y así situaba el servicio a los pobres como respuesta de amor al Amor2:

Trabajemos, pues, en el servicio corporal y espiritual de los pobres enfermos, por amor de Jesús Crucificado3.

Todas las acciones de servicio han de estar llenas de este Amor:

… para servir a sus pobres enfermos con espíritu de mansedumbre y gran compasión, a imitación de Nuestro Señor que así trataba a los más molestos…4.

Siempre me ha impresionado la estrecha relación que establece Santa Luisa entre unión con Dios, servicio a los pobres, unión y cordialidad en el seno de la comunidad. Para ella no se trata de asuntos distintos: la oración, el servicio a los pobres, el interés por su cuidado y por su salvación, la fraternidad, brotan de la misma experiencia y concretan el seguimiento de Jesucristo, el Señor Crucificado. Así escribe en octubre de 1646 a las Hermanas de Nantes:

¿Leen ustedes su reglamento y sus oficios? ¿Rezan, mañana y noche, las oraciones con los enfermos, el Benedicite y las gracias antes y después de las comidas? ¿Tienen servilletas en las camas de los enfermos? ¿Las tienen bien limpias? Pero, sobre todo, queridas hermanas, ¿tienen ustedes un gran amor por su salvación? Porque esto es lo que nuestro buen Dios espera en particular de ustedes5.

La “circularidad” vicenciana es formulada por Vicente de Paúl en numerosas ocasiones. Podemos recordar algunas. Dice a las Hijas de la Caridad en la conferencia del 16 de marzo de 1642:

Los pobres tienen el honor de representar a los miembros de Jesucristo, que considera los servicios que se les hacen como hechos a Él mismo6.

Y en la conferencia del 13 de febrero de 1646:

Al servir a los pobres se sirve a Jesucristo. Hijas mías, ¡cuánta verdad es esto! Servís a Jesucristo en la persona de los pobres. Y esto es tan verdad como que estamos aquí. Una hermana irá diez veces cada día a ver a los enfermos, y diez veces cada día encontrará en ellos a Dios….  Si Dios da una eternidad bienaventurada a los que no han ofrecido más que un vaso de agua, ¿qué dará a una Hija de la Caridad, que lo deja todo y se entrega a sí misma para servirle durante toda la vida?… Tiene motivos para esperar ser de aquellos a los que se dirá: ‘Venid, benditas de mi Padre, poseed el reino que os está preparado’… Los pobres asistidos por ella serán sus intercesores delante de Dios; acudirán en montón a su encuentro; dirán al buen Dios: ‘Dios mío, ésta es la que nos asistió por tu amor’7.

Esta naturalidad para pasar de Cristo a los pobres y de los pobres a Cristo, sin rupturas ni saltos, ha sido y es una significativa aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia.

Conclusión

Evocar, como hemos intentado en esta presentación, la aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia, no es para autocomplacernos. El papa Francisco nos sugiere el verdadero sentido de la mirada agradecida a nuestro pasado: “Espero, pues, que mantengáis vivas las «utopías», pero que sepáis crear «otros lugares» donde se viva la lógica evangélica del don, de la fraternidad, de la acogida de la diversidad, del amor mutuo8.

No parece que estemos en el tiempo de las grandes estructuras al servicio de la Misión de la Iglesia. Pero la aportación del carisma vicenciano no consiste únicamente en alentar la “utopía9, sino en recrear “lugares”, espacios, donde los pobres experimentan la alegría del Evangelio, son sanadas sus heridas y a todos nos sigue alcanzando la Buena Nueva.

Son los “lugares” desde donde el carisma vicenciano sigue contribuyendo a la Misión de la Iglesia.

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  1. CPAG-80. Líneas de fuerza de la experiencia espiritual del señor Vicente: La experiencia espiritual del señor Vicente y la nuestra. ANALES 1977, 278-283. C. Fernández. El pobre en el corazón de San Vicente de Paúl: La experiencia espiritual de San Vicente de Paúl. Salamanca, Ceme 2011, 507-529. J.M. Ibáñez. Opción Vicenciana por los pobres: Respuesta vicenciana a las nuevas formas de pobreza. Salamanca, Ceme 1988, 115-157. S. Barquín. El pobre, lugar teológico en el carisma vicenciano: Carisma vicenciano, memoria y profecía. Salamanca, Ceme 2001, 127-204. J. Corera. El pobre según san Vicente: VINCENTIANA 1984, 578-586.
  2. Cf. E. n. 276.
  3. C. 542.
  4. C. 449.
  5. C. 176.
  6. SVP IX 74.
  7. SVP IX 240-241.
  8. Francisco. Carta Apostólica, o.c., II, 2.
  9. El término “utopía”, hace referencia etimológicamente a no-lugar.

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