AIC Madagascar: «Transformarse para transformar». Una historia de cambio sistémico en el interior de una Asociación

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación Internacional de Caridades, Cambio sistémicoLeave a Comment

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Autor: Patricia P. de Nava · Traductor: Jaime Corera, C.M.. · Año publicación original: 2008.
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Es un motivo de orgullo contar la historia de AIC Madagascar, pero es también un desafío, porque no es fácil relatar en unas pocas páginas una historia llena de pruebas y de obstáculos, aunque tam­bién de esperanza que se convierte en realidad. Esta pequeña parte de la historia, que habla de voluntarias malgaches trabajando en un país cuya pobreza es conocida en todo el mundo, muestra cómo convirtieron su Asociación en una fuerza transformadora de su sociedad circundante.

San Vicente de Paúl dedicó mucha energía a Madagascar, y las voluntarias de AIC que trabajan allí hoy intentan mantener vivo su espíritu misionero. En los años recientes esta asociación de volun­tarias se ha transformado a sí misma para llegar a ser, a partir de unos pocos grupos aislados, una red nacional importante, una parte vibrante de AIC Internacional. Trabajando con otras institu­ciones, lo cual es una de las principales características de la Asociación, se han conseguido metas que antes eran inalcanza­bles. El espíritu y la tenacidad de las voluntarias de Madagascar son un ejemplo de la esperanza transformadora que ha sido el objetivo de la AIC en los últimos años. Ésta es una historia de cambio, decisión y esperanza.

Enfrentándose a una realidad problemática

En 1988, impresionadas por el gran número de niños que pedí­an limosna en la calle, un grupo de cuatro mujeres desfavorecidas y una hija de la caridad decidieron ponerse a actuar. Su esfuerzo inicial por cuidar de quince niños de la calle resultó ser, sin que ellas se dieran cuenta de ello, el origen del primer grupo de AIC en Madagascar y el comienzo de esta historia. Desde el comienzo mismo ellas y otros grupos que comenzaron a formarse por el país se enfrentaron a obstáculos importantes, incluyendo una mala ali­mentación generalizada y falta de escolarización entre los niños a los que rescataban de la calle. Aunque los esfuerzos por conseguir alimentos y otras cosas esenciales daban fruto, el número de niños mal alimentados aumentaba, mientras que los recursos para ali­mentarlos seguían siendo escasos.

Estos primeros grupos sentían una especie de tensión interior porque se daban cuenta de que necesitaban encontrar un nuevo método de producir un cambio interior en ellas mismas, de mane­ra que pudieran actuar con mayor eficacia. Con el tiempo las voluntarias vinieron a reconocer que necesitaban ayuda de fuera, de alguien que pudiera evaluar sus proyectos con ojos diferentes y trabajar con ellas para desarrollar estrategias nuevas para ayudar a los marginados.

Los comienzos de una solución

Los primeros pasos hacia el cambio tuvieron lugar hace ya casi quince años, cuando las voluntarias acudieron a AIC Internacional, cuyos primeros grupos en Madagascar habían sido fundados por hijas de la caridad. Ellas pidieron que la Junta Directiva Internacional ayudara a los grupos en Madagascar e invitaron a miembros de la Junta a visitar su país.

Fieles a nuestro compromiso de apoyar a las voluntarias de base, los miembros de la Junta Directiva Internacional comenza­mos inmediatamente a formar un equipo para visitar los varios gru­pos en Madagascar. Sabíamos que para dar los pasos necesarios para apoyar sus esfuerzos teníamos que evaluar su situación y ente­rarnos de sus deseos en persona.

Al llegar a Tananarive nos impresionó profundamente de inme­diato la pobreza de Madagascar, que la misma capital podía mos­trar con abundancia. Según viajábamos por el país con grupos loca­les de MC, nos dábamos cuenta de que teníamos que dar un mayor apoyo a las mujeres de la AIC local para ayudarles a organizarse y crear una red de ayuda mutua. La situación en el país era alarman­te, y se veía exacerbada por la falta de organización y de estructu­ras. Algunos de los temas más urgentes que obstaculizaban los esfuerzos de los grupos voluntarios incluían la mala alimentación, un índice de escolarización bajo y en descenso, alta mortalidad infantil, un alto índice de natalidad, madres que ejecutaban traba­jos agotadores durante el embarazo, familias con madres solteras, una gran cantidad de enfermedades que incluía la malaria, la disen­tería, erupciones cutáneas, tuberculosis e infecciones respiratorias, y un muy dificil acceso a tratamiento médico.

Todos los grupos de MC con los que nos encontramos se com­ponían de mujeres muy pobres, la gran mayoría de las cuales no estaban casadas, o eran viudas, o habían sido abandonadas. Compartían lo poco que tenían para dar un desayuno sólido, una vez a la semana, a sus propios hijos pequeños y a los niños aban­donados que se encuentran en gran número por todo el país. En una situación tan negra estas pequeñas células de mujeres pobres inte­resadas en cambiar la situación eran un signo de esperanza. Su deseo de hacer algo nos convenció de la necesidad de iniciar un proceso de cambio que comenzaría por ellas mismas. Así pues, en unión con ellas comenzamos a construir una red que con el tiempo alcanzó en Madagascar dimensiones insospechadas.

AIC Madagascar: una red nacional en favor de las mujeres y los niños

Desde el comienzo el grupo de voluntarias de Manakara asu­mió el desafio, sin dejar de tener una visión realista de sus propias capacidades. Tenían un prerrequisito indispensable: confianza en que podían salir adelante. Se dieron cuenta de que necesitaban for­mación y ayuda económica para poner en marcha un programa importante de alimentación que respondiera a las necesidades de los pobres. El grupo local de AIC indicó que con una subvención de cien dólares podían comenzar un programa sostenible con el que proporcionar un desayuno sufi­ciente a niños no una sino cinco veces a la semana. Con los cien dólares podrían comprar una pequeña reserva de alimentos no perecederos. Las madres prepara­rían y repartirían los desayunos. Cobrando una cantidad mínima podrían adquirir también alimen­tos perecederos. Su proyecto fue el primer anillo de una cadena nacio­nal para luchar contra el hambre y dar ayuda a niños y madres. Los agentes principales fueron estas mujeres muy pobres que se esfor­zaban cada día para mejorar sus propias condiciones de vida, así como las de sus familias y comu­nidades.

Primeros pasos en la creación de la red

La Junta Directiva Internacional y las voluntarias de la AIC local comenzaron a discutir las necesidades de la AIC local, tenien­do en cuenta a la vez sus puntos fuertes. Reconociendo su trabajo, ofrecimos el refuerzo positivo que es tan necesario para una cola­boración eficaz, y expresamos nuestra admiración hacia sus esfuer­zos en una situación tan dificil. Conseguimos crear un ambiente de confianza, y comenzamos un proceso para mejorar su autoestima, lo cual era a la vez una condición indispensable para el diálogo y un modo de cambiar su manera de luchar contra la pobreza y sus causas. No hablamos aún de las directrices de la Asociación ni de la importancia de crear redes de colaboración para cambiar la situa­ción. Sólo señalamos las ventajas de conocernos mutuamente y de compartir ideas.

Descubriendo líderes creativas y decididas

El equipo de la Junta visitó varias regiones, encontrando siem­pre en ellas grupos de constitución parecida y con necesidades similares. Éramos conscientes de que por lo general no se puede imponer desde fuera y desde arriba la decisión de cam­biar. Los grupos locales de AIC ne­cesitaban comenzar por un análisis de sus propias necesi­dades y un conoci­miento de los recur­sos posibles, inclu­yendo las capacida­des de las mujeres mismas y de los miembros futuros del grupo. Había que buscar voluntarias locales con capacidad de liderazgo que estuvie­ran dispuestas a aceptar el nuevo desafio.

En Manakara comenzamos a ver con claridad cómo podría ser el futuro de una Asociación nacional más amplia. Había ya una líder aceptada, una joven inteligente y fuerte, con una buena forma­ción y una fe profunda. Tenía una clara visión de lo que debe ser el trabajo participado en equipo. Su capacidad de liderazgo, basada en su formación, y sus ideales constituían un excelente trampolín para promover cambio sistémico.

Estrategias de trabajo en equipo

AIC Internacional, deseosa de hacer surgir el cambio, comen­zó con un proceso de formación para las voluntarias. La mayoría de las voluntarias eran pobres. Muchas tenían además problemas serios en sus hogares. Después de un diálogo inicial un equipo for­mado por miembros de la Junta Internacional y dos voluntarias locales comenzó a preparar a otras voluntarias locales para trabajar con mayor eficiencia sobre proyectos.

Pronto las primeras voluntarias se convirtieron en agentes mul­tiplicadores, entrenando a otras para ser activas en el trabajo por el cambio social, incluso en las comunidades más pequeñas de esta red incipiente. Para facilitar su trabajo iniciamos un proyecto de donación de ordenadores a uno de los grupos de AIC, y dimos a sus miembros, con la ayuda de expertos, la formación necesaria para usarlos. Éste fue un paso importante para su capacitación, mejoran­do su autoestima y su confianza.

Pronto se vieron los cambios que todo esto produjo en su manera de trabajar. Los resultados se vieron no sólo en Madagascar, sino también en otros lugares del mundo una vez que ellas comenzaron a participar en varios foros y reuniones interna­cionales, en las que sus voces, y a través de ellas la voz de los pobres, fueron oídas y valoradas.

Vínculos con otras redes, organizaciones y agencias sociales

La red interna de Madagascar ha reforzado sus lazos de unión con otras redes que participaron en la fundación y el crecimiento de la Asociación en el país, sobre todo con la Congre­gación de la Misión y las Hijas de la Caridad. La red interior colabora también ahora y reci­be ayuda de organizaciones internacionales como UNI­CEF, que ayuda a través de subvenciones, material peda­gógico, material escolar y ali­mentos. AIC Madagascar ha sido reconocida por UNICEF como socio privilegiado, y las voluntarias de Madagascar han sido invitadas a hablar en reuniones internacionales organizadas por esa y otras organizaciones. Algunas voluntarias han tenido la ocasión de ofrecer presentaciones y de ofrecer sus experiencias en reuniones de esa clase. Además, sus proyectos para ayudar a niños y mejorar la alimenta­ción han sido seleccionados como proyectos piloto.

En varias ocasiones las mujeres responsables de la Asociación en Madagascar han sido invitadas a organizar cursillos acerca de sus proyectos en la UNESCO, ECOSOC (en Nueva York), el PNUD (Proyecto de Desarrollo de Naciones Unidas) y «Manos Unidas» en España, entre otras organizaciones. Sus propuestas relativas a la alimentación de niños, cuidado maternal y la preven­ción de violencia han influido en los responsables políticos.

Las voluntarias de Madagascar trabajan de manera admirable y se han comprometido a colaborar con el esfuerzo global para erra­dicar la pobreza. Abundan los ejemplos de su compromiso, pero un caso especialmente impresionante es su esfuerzo centrado en con­seguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, una iniciativa global para erradicar la pobreza, o al menos disminuirla. Los esfuerzos locales incluían los ocho fines concre­tos e intentaron tratarlos de manera concreta: erradicar la pobreza extrema y el hambre, conseguir una educación escolar universal, promover la igualdad de género y la promoción de la mujer, redu­cir las tasas de mortalidad infantil, mejorar la salud maternal, tra­bajar contra el sida, la malaria, y otras enfermedades; asegurar la sostenibilidad ambiental, y crear lazos de colaboración para el des­arrollo. Siguen a continuación las iniciativas que han emprendido y algunos de los resultados.

OBJETIVO PRIMERO: erradicar la pobreza extrema y el hambre

Las voluntarias de AIC se dieron cuenta pronto de que no bastaba alimentar a los niños; había también que darles una educación. El primer paso para intro­ducirlos en la escuela era ofrecer a los escolares una comida de manera regular, librándoles así de pedir por las calles. Las voluntarias sienten mucho orgullo por el hecho de que no han tenido que cerrar nunca ninguna de sus cocinas escolares ni siquiera un día. Además de eso, las voluntarias diseñaron un curso básico para preparar a los niños que vivían en la calle para ingresar en escuelas públicas. Enseguida se vio que las madres de la mayor parte de los niños de la calle eran demasiado pobres para cuidar de ellos. Las voluntarias invitaron a las madres a trabajar en la cocina y a cultivar verduras para las comidas de los niños. Les dieron también formación en bordado y la producción de zumos. Esto hizo posible a muchas madres encargarse de sus hijos. Para los niños de más edad las voluntarias crearon un taller en el que aprendieron a hacer carretillas para llevar las verduras a venderlas en el mercado.

Mientras comenzaban sus programas de formación dentro del país y establecían contactos internacionales, los miembros de AIC Madagascar se dieron pronto cuenta de que el combatir la pobreza entre los niños exige más que actos aislados; que hacía falta un conjunto entero de actividades organizadas, lo que suponía contar con redes de familias, comunidades y organizaciones con los mis­mos objetivos.

Otro paso impor­tante en la lucha contra el hambre fue la forma­ción en conocimientos de agricultura inicia­dos por las voluntarias de Manakara. El culti­vo del arroz, un ali­mento básico, fue pro­movido por varios gru­pos por todo el país. Con la colaboración de UNICEF, las voluntarias compraron semillas, herramientas y un trozo de tierra para el cultivo de esta cosecha fundamental.

Posteriormente empezaron a cultivar el árbol Moringa para reponer la leña usada como combustible. Se exigía a los niños que trajeran leña a la escuela todos los días para preparar sus comidas. Varios grupos se animaron también a cultivar huertas familiares, con cultivos tales como tomates y cacahuetes. Las madres usaban esos vegetales para las comidas familiares, y también se usaban en los comedores de las escuelas.

 

OBJETIVO SEGUNDO: conseguir una escolarización básica universal

Cuando se dieron cuenta de que muchos niños no estaban ofi­cialmente registrados en el registro civil local, las voluntarias, junto con las autoridades locales, comenzaron un programa en todos sus centros para registrar a los niños, dando así a los niños acceso a los programas de salud y educación, así como la oportu­nidad de ejercer sus derechos civiles.

Entre sus actividades educacionales hay que contar los progra­mas preescolares. Ofreciendo comidas a los escolares todos los días y pagando sus uniformes, matrículas, libros y otras cosas, las voluntarias capacitaron a los niños para que recibieran la educación primaria; algunos incluso siguieron hasta el bachillerato y la uni­versidad. Para los que ya no estaban en edad escolar o habían deja­do la escuela, así como para los minusválidos, las voluntarias intentaron buscar trabajo, y les pro­porcionaron forma­ción profesional en agricultura, carpin­tería, escultura y costura, haciendo así posible el cuidar de sí mismos.

Todo esto fue posible por la cola­boración y los convenios de contribución de fondos equivalentes (matching-fund agreements) en el interior de AIC, y por la coope­ración con el Ministerio Nacional de Educación. Por medio de una acción conjunta entre varias ONGs y el gobierno, pudieron ofrecer gratis dos años de educación primaria. Varios ministerios del gobierno invitaron a las voluntarias a participar en cursos de for­mación que les prepararon para ser educadoras y formadoras.

OBJETIVO TERCERO: promover la igualdad de género y la capacitación de las mujeres

Las voluntarias descubrieron que promover el bien de los niños no es realmente posible sin promover el de sus madres. En asocia­ción con AIC-Francia las voluntarias crearon un proyecto de microcrédito muy sencillo, combinado con educación en elaborar presupuestos. Este proyecto benefició a unas cien mujeres y sus familias. Durante la fase inicial del proyecto las voluntarias de AIC y otros expertos proporcionaron conocimientos técnicos en agri­cultura, lectura, salud, costura, fabricación de cestas, administra­ción y comercio. Además de todo esto intentaron ayudar a hombres y a mujeres a discernir qué tradiciones locales eran favorables para el desarrollo y cuáles no. El objetivo principal era capacitar a las mujeres y a sus familias, dotarles de habilidades y autoestima, y capacitarles para crear relaciones equilibradas basadas en la con­fianza y la comprensión mutua.

Hoy, con la ayuda de expertos proporcionados por organizacio­nes internacionales, la Asociación ha canalizado sus esfuerzos hacia el desarrollo de más redes asociativas que se centren en un problema muy extendido entre mujeres de ingresos bajos; la violencia en el interior de la familia. Las voluntarias se han unido a la campaña mundial con­tra la violencia doméstica en que está comprometida AIC Internacional, y han puesto en marcha varias iniciativas en la lucha contra la violencia do­méstica. Un elemento clave para conseguir este objetivo ha sido la partici­pación de las víctimas mismas de la violencia.

Conscientes de que la pobreza persistente de mujeres y niños procede con frecuencia del abandono familiar por parte de maridos y padres, las voluntarias de AIC en su asamblea de agosto de 2003 crearon un Proyecto Nacional pro Paternidad Responsable. En colaboración con KODAK, con Alliance Fran9aise y con los ministerios de Protección Social y Familiar se puso en marcha una campaña nacional, con la ayuda de los medios de comunicación, a través de noticias de prensa, televisión nacio­nal, carteles y anuncios. El objetivo del programa era sensibilizar sobre todo a los hombres, y a la sociedad en general, acerca del hecho de que una forma principal de violencia contra las mujeres es el abandono, el dejar a las mujeres solas con sus hijos y sin medios económicos, forzándoles a ellas y a sus hijos a mendigar en las calles.

La campaña ha organizado discusiones para aumentar el cono­cimiento del problema por parte de la sociedad. Por medio de programas de formación y del desarrollo de estructuras legales ade­cuadas, las voluntarias esperan reducir el número de hogares aban­donadas por el padre, y de ese modo ayudar a resolver el problema de la pobreza entre mujeres y niños.

Además de eso, las voluntarias de AIC hicieron y vendieron un calendario hecho durante un concurso en el que intervenían padres ayudando a sus hijos en las tareas de cada día, y por ese medio con­siguieron fondos necesarios para subvencionar proyectos. También publicaron un folleto, distribuido por todo el país, centrado en la idea de la paternidad responsable y en promover un cambio de mentalidad sobre este tema.

OBJETIVO CUARTO: reducir la mortalidad infantil

Otro elemento crucial para crear mejores condiciones de vida para los niños ha sido el invertir en atención a la salud por medio de la vacunación (contra la poliomielitis y el sarampión), la distri­bución de vitamina A y el proyecto de AIC en colaboración «Tener buena salud», que se ofrece en todos los centros. En algunos de sus centros las voluntarias distribuyen un tazón de leche y/o un tazón de cereales; voluntarios, incluyendo doctores, ofrecen exámenes físicos para infantes. Estos exámenes incluyen un control cuidado­so del peso de cada niño. Estas iniciativas son cofinanciadas por Catholic Relief Services y Terre des Hommes, y son pasos impor­tantes para la reducción de la mortalidad infantil en Madagascar.

OBJETIVO QUINTO: mejorar la salud maternal

Para conseguir este objetivo se ofrece educación en salud e higiene a las madres en reuniones semanales. AIC participa tam­bién en una campaña para la protección de las madres que incluye «formar a las formadoras», que prepara a las mujeres para dar cur­sillos en los que promueven los conocimientos de las mujeres con las que trabajan. Con la ayuda de una subvención las voluntarias han comenzado un proyecto llamado «Mutuelle Santé» que aspira a promover el cuidado de la salud maternal. Las madres pagan una pequeña cantidad mensual, que se emplea para cubrir el costo del tratamiento y la compra de medicinas para curar enfermedades comunes. Las medicinas se compran después de consultar a las que supervisan la salud maternal en cada grupo.

OBJETIVO SEXTO: combatir el sida, la malaria y otras enfermedades

El sida, la malaria y otras enfermedades infecciosas destruyen un gran número de familias en Madagascar. AIC colabora en cam­pañas nacionales e internacionales contra el sida, la malaria y el cólera por medio de una serie de actividades: promoviendo la vacu­nación contra las enfermedades infecciosas y formando a las madres sobre cómo prevenir su transmisión; distribuyendo nuevas medicinas como Palustop y enseñando a las madres cómo usarlas; promoviendo el uso de sistemas para purificar el agua y de la sal yodada en las cocinas escolares.

Todo esto se hace junto con ONGs tales «Roll Back Malaria» y PSI (Population Services International). Los centros de AIC en Madagascar ofrecen formación a comunidades enteras acerca de las medidas sanitarias necesarias para crear unas condiciones higié­nicas mejores para impedir enfermedades. AIC, junto con otras siete asociaciones vicencianas presentes en Madagascar, ha presen­tado también su programa nacional de lucha contra la malaria para su uso al gobierno malgache.

OBJETIVO SÉPTIMO: asegurar la sostenibilidad medioambiental

Como una vivienda digna es un derecho humano primario, se creó el proyecto «A Roof First» (Una vivienda ante todo) para ayu­dar a restaurar la dignidad de madres que carecen de vivienda y de sus hijos. AIC Madagascar participa también en una campaña nacional de reforestación. Plantan y a ayudan a las madres a plan­tar árboles Moringa. Este árbol se presta a usos múltiples: las hojas y el fruto son alimenticios, las semillas se usan para purificar el agua y producir aceite. Además todos los grupos de AIC Madagascar trabajan por sensibilizar a la sociedad poco a poco a unirse a la lucha contra la corrupción en temas que se refieren al medio ambiente.

OBJETIVO OCTAVO: crear una colaboración global para el desarrollo

De todas las iniciativas las voluntarias de Madagascar conside­ran esta la más importante, porque prepara el camino para conse­guir los otros siete objetivos. Una de las líneas de acción de AIC en todo el mundo es formar una red con organizaciones civiles y reli­giosas y con organizaciones nacionales e internacionales. AIC Madagascar colabora ahora con las organizaciones más importan­tes del país que están trabajando en la campaña para erradicar la pobreza y alcanzar los Objetivos del Milenio para el Desarrollo. Ayudar a alcanzar los objetivos del desarrollo no ha sido fácil. Ha exigido un esfuerzo constante, planificación y evaluación. También ha exigido creatividad. Por encima de todo, la participación de los mismos pobres ha sido indispensable. Ellos, en unión con las voluntarias, han asumido el desafio de cambiar su propia situación.

A continuación se da una tabla que enumera los grupos princi­pales y las actividades en que está implicada AIC Madagascar:

 

Hay que hacer varias observaciones sobre el cuadro anterior. Algunos grupos, como el de Anosizato, ofrecen refugio a familias pobres en el vecindario y cuidan de los que están enfermos. Todos los grupos trabajan con mujeres y hombres para la prevención de la violencia doméstica y se esfuerzan por sensibilizar a la sociedad en este tema tan importante. El número de gente comprometida con esos esfuerzos no se ha puesto en el cuadro, pues muchas de esas actividades son campañas masivas.

El mapa de Madagascar que aparece abajo da una idea de los lugares en los que existen grupos hoy. El espíritu misionero de las voluntarias, de las Hijas de la Caridad y de la Congregación de la Misión promete que con el tiempo se irán extendiendo hacia el norte para ayudar a más ciudadanos de Madagascar a conseguir los objetivos del milenio.

 

Cambio sistémico

En todos los centros en que trabajan sus voluntarias AIC Madagascar ha sentido la necesidad de unir fuerzas: unir a las voluntarias y a sus beneficiarios, a las autoridades civiles y ecle­siásticas, a las organizaciones locales, nacionales e internacionales. En los muchos proyectos descritos arriba las voluntarias están comprometidas en una lucha diaria contra una multitud de proble­mas relacionados muy de cerca entre sí, como la malnutrición, el hambre, la carencia de vivienda, la violencia doméstica, carencia de servicios de salud, sida, la violación de los derechos de mujeres y niños, la desigualdad de género.

Cada día que pasa las voluntarias se hacen más conscientes de la importancia de llevar a cabo su trabajo en consonancia con una serie de líneas de acción y de estrategias inspiradas por el carisma vicenciano y las orientaciones de AIC, como las que siguen:

  • Planificar en consonancia con la situación local y las capaci­dades reales del equipo local
  • Tratar las diferentes necesidades humanas con una visión holística
  • Reforzar las capacidades físicas, sociales y humanas de la gente fomentando un acceso igual a la salud y educación, aumentando así las capacidad de acción de todos los que sufren por causa de su pobreza
  • Comprometer a los mismos pobres, sobre todo a las mujeres, en todos los niveles, desde la identificación de las necesida­des hasta la evaluación de los varios proyectos que se han llevado a cabo
  • Tener una actitud de pleno respeto, intentar mejorar el escu­charse mutuamente, y crear una atmósfera de confianza mutua
  • Promover la formación, la educación cívica, y la formación de las líderes y de los miembros de la comunidad
  • Luchar por transformar las situaciones injustas y tener un impacto positivo en los programas públicos por medio de la acción política y la unión con otras instituciones
  • Promover el respeto a los derechos humanos, actuando en colaboración contra las causas de la injusticia, con una acti­tud profética
  • Actuar a nivel local, reflexionar a nivel nacional y pensar a nivel global, de modo que AIC y sus voluntarias puedan par­ticipar en un movimiento internacional.

Por medio de sus proyectos AIC Madagascar ha contribuido a perfilar mejor los puntos de interés de AIC Internacional y ha lle­gado a ser un ejemplo para otras asociaciones locales y nacionales de AIC.

Conclusión

El viaje que comenzaron las voluntarias de Madagascar mar­cha ahora hacia el futuro usando un proceso de evaluación y adap­tación permanentes. Los esfuerzos de las voluntarias están contri­buyendo de manera notable a la paz y estabilidad del pueblo de Madagascar.

Quisiera insistir en cuán fuertemente ha afectado a la entera AIC Internacional el proceso de cambio que ha tenido lugar en Madagascar. Los cambios significativos, cuando proceden de una reflexión seria, el uso de estrategias bien experimentadas, y un conocimiento más profundo del carisma del fundador contribuyen a la creación de un mundo en el que la humanidad, la igualdad, la justicia y la solidaridad capacitan a los pobres para ocupar el lugar que merecen en la sociedad.

Quisiera terminar esta historia con las palabras de la voluntaria que inició el entramado de AIC en Madagascar:

En estos diez años de vida, la confianza y la fe han empu­jado hacia adelante a AIC Madagascar… es el Espíritu el que nos ha animado después de cada caída, después de cada aparente fallo … El Espíritu ha estado siempre pre­sente para urgirnos a avanzar cuando todas nosotras que­ríamos detenernos por nuestras vacilaciones y desaliento. Fue el Espíritu el que nos susurraba que debíamos sonreír, y hasta reírnos, cuando en lo más hondo no sentíamos nada más que desesperación y lágrimas. El Espíritu decía «misión» cuando muy dentro de nosotras teníamos ganas de quedarnos en casa. Diez años durante los cuales nunca hemos dejado de intentar ser «creativas hasta el infinito», convirtiéndonos en cultivadoras de arroz, criadoras de gallinas ponedoras, promotoras de ideas innovadoras, iniciadoras de proyectos grandes y pequeños, embajado­ras, maestras de los minusválidos, y de otros; funciones todas ellas en las que nunca podíamos haber soñado hace años cuando se fundó AIC Madagascar, cuando comenza­mos a trabajar… gracias a la ayuda y la confianza de las Hijas de la Caridad.

 

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