1º Domingo de Cuaresma (reflexión de la S.S.V.P. en España)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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ssvp«Dios permitió que esa misma tentación pasara al espíritu del Sr. Vicente, quien desde entonces se halló vivamente atacado. Usó de oraciones y mortificaciones para verse libre, y no tuvieron otro efecto que hacerle sufrir los humos del infierno con paciencia y resignación, sin perder, con todo, la esperanza de que por fin Dios tuviera compasión de él. Sin embargo, como reconoció que Dios lo quería probar permitiendo al demonio que lo atacara con tanta violencia, hizo dos cosas: la primera fue que escribió la profesión de fe en un papel que puso sobre el corazón, … hizo un pacto con nuestro Señor: que todas las veces que llevara la mano sobre el corazón y sobre el papel, como así lo hacía a menudo, entendía con aquella acción y con aquel movimiento de su mano, que renunciaba a la tentación, aunque con la boca no pronunciara ninguna palabra, y elevaba al mismo tiempo su corazón a Dios, y distraía suavemente su espíritu de su pena, confundiendo así al demonio, sin hablarle ni mirarle.» (Del libro de Abelly p.549)

La Cuaresma es el tiempo propicio para hacer una revisión a fondo de nuestra vida cristiana. Al conmemorar la experiencia de Jesús en el desierto, nosotros también entramos en el silencio, la soledad y la profundidad de nuestra propia vida, para darnos cuenta de las múltiples tentaciones que nos acechan y las respuestas de nuestra parte, sea de rechazo o de aceptación concupiscente.

La primera Lectura del Libro del Génesis nos coloca en un ambiente bautismal. El agua del diluvio tiene un carácter liberador y purificador. La corrupción, la pérdida del sentido de la vida, la injusticia y la violencia que anteceden al episodio del  diluvio nos pone alerta sobre el contexto de pecado, de injusticia, de maldad y corrupción que nos circunda y al que no podemos abstenernos del todo. Sólo cuando vivamos el compromiso bautismal como una alianza de fidelidad a la voluntad salvífico-libertadora de Dios, podremos contrarrestar las fuerzas del mal que pretenden dominarnos y contagiarnos.

La primera Carta de Pedro, llama la atención sobre la eficacia liberadora del baño bautismal. Por eso la Cuaresma, como tiempo de conversión personal y comunitaria, eclesial y social, está íntimamente ligada al bautismo. Podríamos decir que este tiempo penitencial es un camino pedagógico para ahondar en la realidad del bautismo y sus implicaciones para nuestra vida, terminando con la renovación del compromiso bautismal en la gloriosa Vigilia Pascual del Sábado Santo.-

El Evangelio de Marcos se limita a mencionar el episodio de las tentaciones en el desierto, sin mayores detalles, a diferencia de Mateo y Lucas. Es un sumario que enlaza el bautismo en el Jordán con el anuncio del Reino, la llamada a la conversión y el llamado al seguimiento. Pues sólo en la conversión y el seguimiento se puede reconocer auténticamente al Maestro. El discipulado en Marcos, está íntimamente ligado con bautismo, tentaciones, predicación, conversión y seguimiento.

Cada uno de nosotros, vivimos nuestra existencia cristiana en medio de dos realidades tensas. Por una parte, el deseo de vivir el compromiso bautismal con todas sus consecuencias y exigencias; y, por otra, las continuas tentaciones y seducciones del ambiente cultural en que nos movemos. La cuestión está en permanecer en una incesante conversión, como quien ha iniciado el camino, pero consciente que aún no ha llegado a la meta y no sabe qué puede pasar en el viaje.

Debemos correr la aventura de seguir a Jesús a pesar de los obstáculos que se puedan presentar, con la certeza que Él nos acompaña en fidelidad y libertad. Debemos ser testigos de la conversión y del seguimiento en un mundo que se muestra indiferente a la propuesta de Jesús. Ánimo venzamos las tentaciones que nos impiden la fidelidad al Reino.

«El segundo remedio que empleó fue hacer lo contrario de lo que la tentación le sugería, tratando de obrar por fe y de rendir honor y servicio a Jesucristo. Esto lo hizo particularmente al visitar y consolar a los enfermos pobres del Hospital de la Caridad del arrabal de Saint Germain, donde por entonces residía. … Dios hizo por ese medio al Sr. Vicente la gracia de lograr un provecho tan grande de aquella tentación, que no solamente no tuvo nunca necesidad de confesarse de ninguna falta que hubiera cometido contra dicha materia, sino que los mismos remedios que usó le sirvieron de fuentes de innumerables bienes que fluyeron de inmediato en su alma» (Del libro de Abelly p.549)

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