Vida y virtudes del sr. Sen-Just (I)

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Author: Mariano Torres · Year of first publication: 1904 · Source: Anales Madrid, 1904.
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ESCUDOCMNACIMIENTO. INFANCIA.ESTUDIO Y OCUPACIONES DE FRANCISCO.ES NOMBRADO CANÓNIGO DE URGEL.SU CELO EN EL PRIORATO DE SANTA OLIVA.
El Muy Lustre Sr. Francisco Sen-just y Pagés nació en Barcelona; fue por su nacimiento hijo de una de las más Ilustres y nobles familias de la capital del Principado, como lo da a entender el haber tenido por primo al Excelentísimo Sr. D. Francisco Berardo, Marqués de Montenegro, y por sobrino al Excmo. Sr. Marqués de Monnegre; contándose además entre sus parientes al Muy Ilustre Prior Claustral, Diputado eclesiastico del Principado de Cataluña. Tuvo ti es hermanos, José Sen-just y Pagés, el primogénito y heredero de la casa; D. Manuel Sen-just, que por sus altas virtudes y gloriosos méritos gobernó la iglesia de Urgel, y Gilderico Sen-just, que llegó a ser Abad de Camp-Redón. Desde los primeros días de su tierna infancia favorecióle el Señor con singulares dones de naturaleza y gracia, y desde los primeros años de su puericia brilló sobre el fu-turo fundador de la Congregación de la Misión en España la especial Providencia con que vela el Señor por aquellos .1 quienes, en sus eternos designios, escoge para llevar a cabo las mayores empresas de su honor y gloria. ¿Quién no admirara la amorosa Providencia de Dios sobre el niño Francisco, cuando hallándose éste en Tortosa bajo la dirección de su tío el Prior Claustral y habiendo caído de una altura muy elevada, no sólo no recibió lesión alguna en su cuerpo, sino que resultó completamente ileso, con admiración y pasmo de cuantos presentes se hallaban, que le creían hecho pedazos? Hallábase en otra ocasión jugando sobre el brocal de un pozo; citando, en uno de esos descuidos tan frecuentes en los niños de corta edad, resbaló y se fue al profundo: humanamente hablando y atendida la considerable altura de que cayó y el no haber recibido pronto auxilio en su caída, debiera haber perecido en las aguas; mas Dios dispuso que saliese igualmente sano y salvo con asombro de cuantos lo presenciaron y que le consideraban muerto. Finalmente, otro rasgo de la Providencia singular con que velaba el Señor por Francisco, fue que hallándose tranquilamente dormido en su camita, se desplomó una de las paredes de la habitación donde dormía, que vino a caer sobre la cama de Francisco, dejándola envuelta entre ruinas y escombros. Al ruido acudieron presurosos y llenos de angustia los criados de la casa, y cuando creyeron hallar cadáver al niño, y magullado su cuerpecito bajo el peso de la pared desplomada, le encontraron ileso, y durmiendo con mucha quietud y sosiego. Tres veces, pues, fue prodigiosamente librado de la muerte en una edad en que los peligros son mayores y más difícil la resistencia: estos prodigios que obró por él el Señor manifiestan a las claras que el Cielo tenía designios especiales sobre aquel niño, y que éste había de ser un día el instrumento de que Dios se sirviese para dar cima a gloriosas empresas, que tanto redundarían en su honor y gloria.
¡Lástima grande que después de tan admirables principios, después de tan sólidos y arraigados fundamentos para agradecer al Señor las misericordias que usó con su siervo Francisco, nos veamos en la triste precisión de pasar en silencio sus estudios y. ocupaciones hasta la edad de veinte años! Profundos y muy vastos debieron ser aquéllos, a juzgar por la nobleza de su cuna, por las excelentes dotes con que plugo al Cielo adornar aquella alma, en la que como en hermosísimo espejo debían mirarse tantos y tan doctos sacerdotes como le consultaron en Urgel y en Barcelona, sobre las delicadas materias de la Teología dogmática y Teología mística, y sobre todo por el incalculable bien que con sus conocimientos y suma de doctrina produjo, primero en Urgel, después por espacio de muchos años en el Priorato de Santa Oliva, y finalmente en su peregrinación a Italia, en la Casa Misión de Barcelona, una vez establecida nuestra Congregación en ella, y en las Conferencias eclesiásticas que, a ejemplo de San Vicente, instituyó en la capital del Principado de Cataluña. Por lo que hace a sus ocupaciones, sólo podemos asegurar que estuvieron en armonía con sus virtudes; pues de otro modo, ni hubiera sido promovido a los Órdenes sagrados, ni mucho menos se le hubiera conferido un canonicato en la Catedral de Urgel.
Es verdad que al tiempo transcurrido desde los catorce hasta los veinte años solía compararlo, en su profunda humildad, con el que la Magdalena, Agustín y otros santos habían llevado antes de convertirse al Señor; mas no lo es turnos que si algún defecto tuvo de que arrepentirse, fue de haber sido algo alegre y amigo de bullas, nunca de pecados deshonestos, ni de amores profanos, ni de vida escandalosa, como expresamente afirma Miguel Xuriach, que le acompañó en su peregrinación; fue uno de los más confidentes de Francisco y nos dejó de su puño y letra la relación de su viaje a Italia y otros escritos referentes a la Congregación de España que, por desgracia, han en su mayoría desaparecido.
En atención a sus méritos y virtudes fue promovido a Canónigo de Urgel, y en este nuevo oficio dio pruebas evidentes de su amor al servicio de Dios y a la Iglesia. «Estaba en su silla—dice a este propósito D. Francisco Garrigo, — en II oración fúnebre que, por encargo de la Conferencia, pronunció por el difunto Sr. Francisco Sent-just algunos días después de su muerte, mas como angel que como hombre, todo transportado en Dios, acompañando con su interior lo que pronunciaban sus labios, imitando al Apóstol: Psallam spíritu, psallam et mente; con sumo silencio, sin hablar la menor palabra a nadie, confundiendo nuestra poca atención y reverencia en tan sagrado lugar, asistiendo todos los días indefectiblemente, sin que entibiasen su fervor ni los calores del verano, ni los fríos del invierno, ni por lluvias ni por hielos, siempre el primero al entrar y el último al salir.
Mas para almas del temple de Francisco suele ser estrecho círculo el teatro del mundo; ávidas de volar a las regiones del cielo en alas de la contemplación de las cosas celestiales, les parece pesada carga las honras y dignidades de la tierra; sienten en medio del bullicio del mundo una voz interior que las llama a la soledad, en que Dios suele comunicarse y hablar al corazón del hombre, como afirma por el Profeta Oseas: Ducam eam in solitudinem et loquar ad cor ejus; en la compañía del siglo se sienten solas y juzgan impedimento grande para la unión con Dios su permanencia entre las gentes; por eso nuestro Francisco, resolviéndose generosamente a dar de mano a los parien-tes, gustos y comodidades de la tierra, determinó en su corazón y ejecutó, por expreso mandato de su confesor, renunciar al canonicato y retirarse a la soledad para gustar las delicias anticipadas del Cielo y preparar su alma para mayores trabajos y fatigas.
Renunció, pues, el beneficio de Canónigo y todas las demás prebendas que poseía, excepto el Priorato de Santa Oliva, al que estaba aneja la cura de almas, y se retiró a la soledad, «en la cual vivió muchos años, con tal desasimiento, aun de sus amados parientes, que acostumbraba decir: Aunque se cayese toda la casa de Sen-just, y yo con un dedo pudiese detenerla, no lo haría; añadiendo lo de David (Ps. 18.): Si mei non fuerint dominan, tunc immaculatus ero. Pero no lo hizo así en lo espiritual y en las enfermedades de sus padres, hermanos, sobrinos y demás parientes, pues sabe todo el mundo la heroica caridad con que les asistió días y noches, semanas, meses y años anteros. Podía decir con San Bernardo: Si qui sunt Dei, iuvenient me vivum; si qui sunt nzundi, iuvenient me mortuunz. Para todo lo que sea cosa de mundo, me hallarán mis parientes muerto; pero para cuanto pide la caridad bien ordenada, me hallarán muy vivo.» Así se expresa el citado D. Francisco.
Mas ¿quién será capaz de referir las prodigiosas conversiones que obró en el Priorato, las almas que volvió a la paz del Señor, la caridad y tierna solicitud con las que como madre amorosa acogió a los pobrecitos pecadores, consoló las lágrimas de los tristes, alivió las necesidades de los infortunados y atendió a toda suerte de necesidades espirituales y corporales? ¿Quién ponderará dignamente el entrañable celo con que veló por su rebaño, para librarlo de la boca del lobo infernal, que tanto daño causó en una época en que militaban bajo las banderas de Luis XIV, en la infausta guerra que declaró a España, calvinistas y hugonotes franceses? A todo atendió la extrema solicitud del pastor, y merced a sus cuidados y vigilancia conservó en la fe más pura la porción del rebaño a su celo recomendado.
Diez y ocho años trabajó en tan santa empresa; diez y ocho años de sudores y fatigas, que sentimos en el alma no poder trasladar al papel, para edificación de nuestros lectores, por no existir documento alguno en que consten, más que, a no dudarlo, estarán escritas con caracteres de oro en el libro de Aquel que consigna un vaso de agua fría dado en su nombre al necesitado.
Pasemos, pues, a otro asunto de no menor importancia, y preparemos el corazón para bendecir a Dios por las maravillas que obró en su siervo Francisco.

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