Eminentissime et Reverendissime Princeps,
Cum promotio Eminentiae Suae ad Cardinalatus dignitatem rerumque publicarum cura a Sanctissimo Domino nostro Papa demendata, infiniti meriti et supremae istius excellentiae argumentum certissimum sit, his ego innixus, omni cum reverentia audeo salutare per litteras Eminentiam Suam illique gratulari, necnon suppliciter rogare eamdem, incredibili benignitate fretus ut dignetur parvam congregationem Missionis, per continuum et liberum usum functionum suarum a Sede Apostolica approbatam et multis gratiis ampliatam, protegere.
Atque ut Eminentiae Suae ministerium nostrum vitaeque ratio constet, illa paucis expono; ita erit ut perspecta congregatione facilius uti possit, pro jure summo quod habet in omnes et in meipsum superiorem.
Instituti nostro scopus, pauperum rusticanorum salus. Idcirco pagos obimus et castella, Evangelii causa; confessionibus excipiendis generalibus, terminandis litibus et dissidiis, pauperibus aegrotis temporali et spirituali alimonia sublevandis vacamus. Haec ruri.
Illa domi. Tradimus exercitia spiritualia; ordinandos per decem dies ante quatuor tempora retinemus apud nos, ad praeparationem ad suos ordines; clericos in seminariis bonis moribus, ecclesiastica doctrina, ritibus informamus.
Praeter operarios qui in Gallia versantur, nonnulli in Italia, eadem faciunt, hi in Hibernia, illi in Barbaria ad solatium et refrigerium eorum qui detinentur vinculis; quidam etiam penetrarunt in insulam Divi Laurentii, vulgo Madagascar, ad sexcenta milliaria Italica protensam.
Haec est summa nostrarum functionum, hoc curriculum ministeriorum, quibus, si Vestrae, Eminentissime Princeps, protectionis cumulus hic accesserit, uberiores, divina gratia promovente, fructus colligemus.
Eminentiae Suae humillimus et adictisimus servus
Parisiis, pridie nonas novembris 1650.
TRADUCCION
Eminentísimo y reverendísimo señor:
La promoción de Su Eminencia a la dignidad cardenalicia y la elección que de ella ha hecho nuestro santo padre el Papa para la gestión de los asuntos públicos son un testimonio indiscutible de la grandeza de sus méritos y de la suprema excelencia de sus cualidades, y me obligan además a ofrecerle mediante estas letras mis más respetuosos saludos y felicitaciones, suplicándole humildemente, lleno de confianza en su inmensa bondad, que se digne conceder su protección a esta pequeña congregación de la Misión, aprobada por la Santa Sede y enriquecida con sus favores, para que pueda seguir dedicándose libremente a sus funciones.
Y para que Su Eminencia sepa cuál es la naturaleza de nuestros trabajos y nuestra razón de ser, a fin de que de este modo pueda utilizarnos más fácilmente, según el derecho absoluto que tiene sobre cada uno de nosotros y sobre mí especialmente su superior, voy a ofrecerle en pocas palabras los datos necesarios para ello.
La finalidad de nuestro instituto es la salvación de las pobres gentes del campo, que nos obliga a ir de aldea en aldea para instruirlas, oírlas en confesión general, acabar con sus diferencias y atender al alivio de los pobres enfermos. Estos son nuestros trabajos en el campo.
En casa damos ejercicios espirituales, recibimos a los ordenandos durante los diez días que preceden a las cuatro témporas, para prepararlos a las sagradas órdenes. En los seminarios, formamos a los clérigos en las buenas costumbres, en la ciencia eclesiástica y en los sagrados ritos.
Además de los obreros que tenemos en Francia hay otros que desarrollan las mismas funciones en Italia, hay otros en Irlanda; otros están socorriendo a los pobres esclavos en Berbería; algunos han penetrado en la isla de San Lorenzo, vulgarmente llamada de Madagascar, que tiene una extensión de seiscientas millas, medida de Italia.
Tal es el resumen de nuestras tareas y el conjunto de nuestros trabajos. Si se digna Su Eminencia concedernos el favor de su protección, sostenidos por la divina gracia, recogeremos de todo esto los frutos más abundantes.
De Su Eminencia el más humilde y obediente servidor.
París, el día anterior a las nonas de noviembre de 1650.







