Vicente de Paúl, Carta 1330: A Esteban Blatiron, Superior de Génova

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl · Year of first publication: 1976 · Source: San Vicente de Paúl. Obras completas. Tomo IV. Correspondencia 4. Abril 1650 - Julio 1653. Trad. de A. Ortiz sobre la edición crítica de P. Coste. Salamanca : Sígueme, 1976. 610 p. ; 22 cm..
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14 de octubre de 1650

Me preocupa mucho la enfermedad del padre… y me extraña mucho que pida ir a Milán, habiendo como hay en Génova tan buenos médicos y cirujanos. Si insiste, dígale que me escribirá usted sobre ello, tal como se lo he pedido. Entretanto mándeme informes concretos sobre la clase de enfermedad que padece, sus circunstancias y efectos, para que yo consulte en París. Si se trata de un quiste, que se cuide mucho de que lo toquen los cirujanos; más vale que lo soporte con paciencia, en vez de ponerse en peligro de un mal mayor. Hay un hombre en esta ciudad que tiene uno casi tan grande como la cabeza, y se lo cubre con una bufanda. El señor lugarteniente civil vino ayer a verme muy apurado, porque le ha salido uno pequeño en el cuello; queriendo deshacerse de él, mandó que le hicieran una pequeña incisión y que le cortaran luego mucha carne en varias veces; pero esto ha envenenado la sangre, hasta el punto de que es de temer que se convierta en cáncer; por lo menos él lo está temiendo mucho. Me lo ha dicho en secreto, ya que no tienen conocimiento de eso más que dos o tres personas de sus conocidos. Quiere Dios enviar a veces a los hombres esas enfermedades, y hay que sufrirlas; los que no tienen nada que se parezca a eso no se ven libres, sin embargo, de otros males de cuerpo o de espíritu.

Me doy perfecta cuenta de que se necesita mucha fuerza para soportar la carga tan molesta que le impone la falta de mortificación de los demás; ésa es su cruz, y le pido muchas veces a Nuestro Señor que se la aligere, si es esa su voluntad, o que le dé fuerzas. No dudo de que así lo hace, ya que le veo tan sumiso ante el peso de su cargo. El pensamiento de lo que sufrió personalmente Nuestro Señor por parte de sus discípulos le dará muchos alientos; porque cuanto más parecidas son nuestras penas a las suyas, más agradable le somos. Si no fuera ése mi consuelo, ¿adónde iría a parar?

En cuanto al retiro que quiere ir a hacer el padre… con los carmelitas descalzos, ha hecho usted muy bien en aconsejarle que no vaya. Le ruego que se muestre enérgico, no solamente en esto, sino en todas las cosas que están fuera de nuestras costumbres, para impedir que se haga nada por encima de ellas. Si alguno insiste mucho, como parece ser que lo hace el padre…, ruéguele que tenga paciencia y dígale que, como no puede darle el permiso que solicita, escribirá usted al general de la compañía, y hágalo así efectivamente. De esta forma, mientras se espera la respuesta, va corriendo el tiempo y muchas veces la tentación se desvanece. Les escribiré a esas personas para rogarles que cesen en sus particularismos y que se acomoden a las prácticas comunes. Que si no lo hacen, sino que, por el contrario, siguen sus deseos en contra de la voluntad de usted en cosas de cierta importancia, como ir a hacer los ejercicios fuera de la compañía, en ese caso, cuando regresen a casa, no se les recibirá. Porque por cada uno que perdamos por mantener el orden, para mayor gloria de Dios, su providencia nos mandará dos. Y ese rigor obligará a los demás a que tengan miedo y no se dejen llevar por esa clase de libertades.

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