Vicente Jiménez

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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P. Vicente Jiménez

21-01-93

Pamplona

Anales 1993 Mar. 208

20G01Nace el 1 de junio de 1902 en Tramacastilla, 200 h., Sierra de Albarracín, Teruel.

El 3 de febrero de 1915 ingresa en la Escuela Apostólica de Teruel, siendo Superior el P. Eduardo Tabar.

El 9 de septiembre de 1918 es admitido en el Seminario Interno en Madrid, siendo Superior el P. Lorenzo Sierra.

En septiembre de 1920 hace los votos perpetuos en la Congregación de la Misión, siendo Superior el P. Lorenzo Sierra.

De 1920 a 1923 estudia Filosofía en Hortaleza, siendo Superior el P. Higinio Pampliega.

En Cuenca, 1923-1927, hace la Teología, siendo Superior el P. Adolfo Tobar,

En 1926, los días 13, 14, y 15 de noviembre, recibe la Tonsura y Órdenes Menores, de manos de Mons. Cruz Laplana, Obispo de Cuenca.

El 23 de enero de 1927 recibe de manos de Mons. Francisco Estenaga, Obispo­Prior de las Órdenes Militares de Ciudad Real, el subdiaconado.

Es ordenado de sacerdote por Mons. Cruz Laplana en la Basílica de la Milagrosa de Madrid el 15 de mayo de 1927.

DESTINOS: 1927-1928, Badajoz. 1928-1946, Cádiz. 1946-1990, Zaragoza. 1990-1993, Pamplona-Enfermería.

Muere serenamente, de ancianidad, el 29 de enero de 1993, fiesta de San Valero, Obispo, Patrono principal de la ciudad de Zaragoza.

Su cuerpo es inhumado el día 30 de enero de 1993 en el panteón de los PP .Paúles en el cementerio de Torrero de Zaragoza

HOMILÍA

¡P. Jiménez! Toda esta gente que llena hoy Santa Engracia ha venido por Vd .  Aparaemente no está aquí más que su cuerpo, pero es su persona la que nos ha reunido. Vuestra vocación de Sacerdote de la Misión (misionero paúl) era ésta: reunir, convocar, continuar la misión de Cristo, evangelizador de los Pobres, que vino a sanar, liberar, reunir un pueblo disperso. ¡P. Vicente! Ha tenido Vd. una ida muy hermosa. Ha sabido suscitar afecto, estima, esperanza y felicidad.

Ayer, día 29 de enero, nos llamaban de Pamplona donde el P. Jiménez ha estado en la enfermería desde noviembre de 1990, comunicándonos su fallecimiento. Era día de San Valero, patrón de Zaragoza, una feliz coincidencia para un aragonés firme,  recio, amante de su tierra y de esta Iglesia antiquísima.

San Vicente de Paúl, comentando la muerte de sus misioneros, decía que iban «a la misión del cielo». Ayer recibió nuestro P. Vicente el último desti­no «a la misión del cielo». Decía nuestro Santo Fundador: » No hay mejor manera de asegurar la salvación eterna que morir sirviendo a los pobres».

La Palabra de Dios nos habla de «MORIR EN EL SEÑOR» y del «PAN VIVO». En esta misa exequial celebramos la «muerte en el Señor». No es contra­sentido, no es tabú como lo es para este nuestro siglo autosuficiente y razonador. Celebramos la muerte cristiana frente a la muerte hostil, penosa consecuencia del pecado.  Cristo le ha quitado lo que tiene de desgarramiento, de punto de no retorno. Celebramos el misterio de la MUERTE Y RESURRECCION de Cristo del que ha participado ya el P. Jiménez. Los problemas esenciales del hombre no tienen respuesta en los saberes humanos. A esa pregunta no tiene nada que decir la ciencia. Por la muerte, entramos en un mundo fuera del espacio y del tiempo y sólo podemos sólo hablar de él por símbolos.

El morir no se puede separar del vivir. Cada uno hace activamente su muerte porque los bautizados » llevarnos en nuestro cuerpo el estado de muerte de Jesús. Cuando se vive «en el Señor» se muere «en el Señor». Morir en el Señor es ir a reposar, ir al descanso de esta brega, ir a la vida, al paraíso, a la casa del Padre.

¡Los sacerdotes también mueren! Como en el caso del Señor no hay sacerdo­cio sin víctima. Decía el P. Jiménez a la periodista Pilar Crespo: «Todos los caminos de redención tienen cruz».  El trato continuo del sacerdote con los misterios sagrados debe ayudarle a vivir lo que celebra, a actuar el misterio pascual de Cristo en él: «Yo soy, el Pan Vivo bajado del cielo, el que come de este pan vivirá para siempre».

La necrología, los líricos y dolientes panegíricos no son del caso. Pero sí pode­mos hacer UNA BREVE RELECTURA DE LA VIDA P. JIMÉNEZ, a la luz de los textos Sagrados.

Datos Biográficos

El P. Vicente Jiménez nació en Tramacaatilla (Teruel) el 1 de junio de 1902. Procedía de una familia de nueve hermanos. Falleció ayer en Pamplona a los 90 años.

En 1915, ingresó en el Colegio Apostólico de los PP. Paúles de Teruel. En 1918 hizo el Seminario Interno en nuestra Casa de Madrid, siguiendo los estudios de filosofía. En 1923, fue a Cuenca donde estudió teología. Se ordenó sacerdote en 1917 en la Basílica de la Milagrosa de Madrid, oficiando el Sr. Obispo D. Cruz Laplana que fue párroco de Caspe y San Gil antes de ser Obispo de Cuenca, marti­rizado en 1936.

Destinos

Destinos: Unos meses en Badajoz, 18 años en Cádiz (1928-1946), 46 años en Zaragoza (1946- 1990) y dos en Pamplona (noviembre 1990- enero 1993).

Cargos

Consejero de la Caja de Seguros Sociales de Andalucía Occidental, de la Caja de Ahorros de Cádiz del Instituto Nacional de Previsión de Cádiz y Consiliario del Sindicato Católico Femenino de aquella ciudad andaluza. Durante siete años fue profesor de religión del Instituto de Peritos Industriales de Cádiz. Allí atendía a las Hijas de la Caridad y a las Juventudes Marianas (Hijas de María) de donde salieron cientos de vocaciones. También organizó y atendió las cuatro ramas de la Acción Católica. Fundó en Cádiz la revista Ecos de mi Hogar, como haría luego en Zaragoza con la revista Alegría y Santidad, siempre orientadas a los matrimonios. Ya en Cádiz inició los Ejercicios prematrimoniales que luego se de­sarrollaron en Zaragoza. Allí inició sus publicaciones ¡Todavía le llamaban de Cádiz a su enfermería de Pamplona estos dos últimos años!

Son más de 20 sus publicaciones. Los temas: devocionarios, la Virgen Mila­grosa, Hijas de la Caridad, apologética, ejercicios prematrimoniales, matrimonios, sacerdocio, sacramentos. No es un investigador, ni un profesor, pero sí un comunicador entusiasmado de unos ideales que han movido su vida. En Zaragoza vivió 46 años (1946-1990). Todos conocéis su andadura.

Sacerdote

Con motivo de sus Bodas de Oro sacerdotales (1977) escribió un folleto con el mismo título. Es una confesión personal emocionada de su ideal del sacerdocio. A la periodista Pilar Crespo le confiesa en 1977: «Sólo pensé en ser un buen sacer­dote, un fiel sacerdote». Voy a entresacar algunas frases de su folleto:

«En mi breve autobiografía de medio siglo puedo decir que he celebrado sobre 20.000 eucaristías, dado más de 400.000 absoluciones, anunciado más de 14.000 la Palabra de Dios y tengo unos millares de cuartillas a las que la pluma trasmitió mi afán de sembrar luz y bien ¡Mis manos huelen a Pan Sagrado, a Pan de Vida caliente y partido! ¡Huelen a Cristo! Prefiero mi sacerdocio a todas las fortunas, a todas las cátedras, a todos los reyes… Dejé infinitas ansias por indicar la ruta y dar pan y agua a los peregrinos… Que me pisen porque soy polvo y barro; veneren lo que represento, soy medio Dios… El Señor me envió a sembrar a diestra y siniestra, a tiempo y destiempo. Soy un contraste vivo: soy corruptible y mortal pero doy incorruptibilidad e inmortalidad; «iDulce Cristo mío! ¡Tu misión es la mía!

Hace su elogio del sacerdote: «Dichoso el sacerdote que practica lo que predi­ca que para sí es exigente y blando para los demás; que es fuertemente humano para atraer y poderosamente divino para elevar». Citando a SVP dice: «Los sacer­dotes (misioneros) santos y sabios son el tesoro de la Iglesia».

Le, duele que se ataque al sacerdote: «El sacerdote es humano, pero también otra especie de hombre. Distingue y no le confundirás ¡No hables mal! ¡No toques al Cristo del Señor!».

Al final, en un epifonema sentimental, añade: «Me abruma lo que tanto me engrandece. ¡¡Barro soy, pero también el Ungido del Señor, las manos visibles de Cristo, que es el sacerdote eterno, el Salvador, Rey inmortal del los siglos!».

Tal vez no es éste el lenguaje que usamos hoy, pero su fuerza y verdad no tienen desperdicio.

SVP es uno de los grandes reformadores del clero postridentino. En esta nuestra época de crisis sacerdotal, el P. Jiménez, siguiendo a su Fundador, en 1974, gritaba a todos sus hermanos sacerdotes para que dejaran «divergencias accidentales y opiniones y se unan en el verdadero y permanente espíritu sacerdotal».

Su testamento

En él afloran las claves de su vida. Está redactado el 28 de Febrero de 1986. Tiene SEIS DISPOSICIONES: Reconoce que él y todo lo suyo pertenece a la C.M. (Provincia Canónica de Zaragoza). Permanece su obsesión por ayudar a la obra de los matrimonios y por crear una universidad (Facultad, Instituto) de la Caridad de SVP en Roma. Es consciente de la urgencia de promoción y formación de vocaciones sacerdotales y de las misiones populares. Dos grandes opciones actuales de la C.M. Se acuerda agradecido de los padres, compañeros suyos de la calle de Boggiero y del personal de servicio.

Matrimonios

Cuando no existía el Movimiento Familiar Cristiano, el P. Jiménez inició este trabajo con sus ejercicios prematrimoniales. Fue el pionero intrépido en este campo. Cientos de parejas de novios pasaron por ellos. Fundó la Hermandad de Matrimonios Católicos, que luego se fusionó con otras y originó el M.F.C. aquí en Zaragoza.

En 1977, el Ayuntamiento de Zaragoza le otorgó el Premio Inmortal Ciudad de Zaragoza «Caesaraugusta» por su labor en ella.

Consciente del valor básico permanente de la familia, atacada por todos los costados, luchó por un nuevo amanecer para el matrimonio cristiano, para la  Iglesia doméstica». Decía: «Detrás de la boda, o sigue Dios o el vacío».

¿Universidad de la Caridad «San Vicente de Paúl»?

Hay varias cartas que el P. Jiménez escribe al P. General para que se cree esta Universidad. Heredero del «genio misionero y organizador de la caridad que fue SVP, escruta los signos de los tiempos y ve que el ejercicio de la Caridad debe tecnificarse, exige personas especializadas, competentes. La Caridad es el supremo argumento cristiano. El mismo se ofrece a ayudar buscando fondos. Es necesaria una «Charitas Christi Catholica» mundial. Esto contribuirá al «aggiornamiento» de la familia vicenciana. El P. Jiménez visiona este Centro, sus «alumnos», sus asignaturas, su biblioteca… Los pobres del mundo, «nuestros amos, nuestros señores, nuestros jueces -como decía SVP-, saludarán gozosos la empresa. Para esta idea grandiosa que ha flotado en el aire hace algún tiempo, pero no fácil, se han dado pasos con un Instituto Vicenciano Internacional.

El P. Jiménez, misionero de la Congregación de la Misión

El fin de la C.M. es seguir a Cristo evangelizador de los pobres, revistiéndose de su espíritu, dedicándose a evangelizar a los pobres y ayudando a la formación de clérigos y laicos en orden a esa misma evangelización. El P. Jiménez bondadoso de carácter, fue ante todo, un HOMBRE CONSTANTE, DEDICADO, ENTREGADO A LO QUE CREÍA. Este es su perfil más saliente. Fue superior tras veces, la última en la casa central de Zaragoza, asesor religioso de las Voluntarias de la Caridad y las Conferencias de San Vicente en esta ciudad, atendió a las Hijas de la Caridad y animó los grupos de Hijas de María. Dio innumerables tandas de ejercicios-sólo en un año 45-, misiones populares -sólo en un año 12-. Fue un promotor incansable de vocaciones.

En el Ministerio de la reconciliación (confesonario), particularmente en esta de Santa Engracia, empleó muchas horas de su vida. Nada más llegar a Zaragoza, el obispo Lino de Huesca le eligió como su confesor. Esta parroquia pertenecía entonces a Huesca. Medio siglo confesando mañana y tarde. Al final, medio ciego, vacilante, apoyado en un bastón forzaba a los ángeles a guardarle del tráfico. Miles y miles de penitentes buscaron en su ministerio el perdón, la direc­ción espiritual y un consejo acertado, palpando las maravillas de la gracia. Pocos ministerios dan tantas posibilidades de practicar la caridad, la paciencia, la cerca­nía, la humildad, la compasión. Ministerio duro, pesado, pero si se suprimiera «los vicios y las  malas costumbres lo llenarían todo» (Catecismo Romano). Por el Perdón de Dios, la Iglesia se renueva y nace joven cada día.

Al canonizar al P. Leopoldo Castelnovo que se santificó en cuarenta años de ministerio del confesonario, J. Pablo ll invitaba a los sacerdotes a «este ministerio de tan capital importancia, de pedagogía tan actual, de tan incomparable espiritua­lidad».

Cada vez que celebramos la Eucaristía compartimos la victoria de Cristo sobre la muerte. ¡Con qué dulce seguridad habla la Iglesia al hacer la recomendación del alma!

Dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica: «Todos (los de aquí y los de allá) formamos un cuerpo, una comunión de personas y bienes… Es un fondo común… El bien de Cristo que es la cabeza, es comunicado a todos… Es la comunión de los santos… La unión de los miembros de la iglesia peregrina con los que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe; más aún, se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales… Nuestra oración por nuestros difuntos no sólo puede ayudarles, sino hacer eficaz su intercesión en nuestro favor».

El Señor está presente aquí en la Eucaristía y el P. Vicente con él porque los que han muerto en el Señor «están con el Señor». Con él nos unimos en Cristo. Pongámoslo en sus manos.

Carlos Esparza

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