VICENTE DE PAUL (Un corazón si medida) (VII)
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL, UN AREÓPAGO PARA LA MISIÓN VICENCIANA
El famoso teólogo holandés E. Schillebeeckx solía decir, con fina y sutil ironía, que ciertos temas de teología pastoral y de teología espiritual constituían una especie de «postre afectivo» en el suculento banquete teológico l . Me he acordado mucho de esta afirmación al afrontar el tema de los medios de comunicación social para la evangelización, refiriéndome explícitamente a la misión vicenciana.
Porque tengo la viva impresión de que esto de los medios de comunicación social se ha convertido en el adorno de todos los programas y proyectos pastorales. Desde que empezó a hablarse, un día sí y otro también, de estos medios como uno de los ámbitos o areópagos modernos para la misión evangelizadora, este tema no ha cesado de ser un referente constante y casi obligado en todos los foros eclesiásticos y congregacionales.
Y es que la referencia a los medios de comunicación social se está quedando en un mero aditivo colorante que embellece y da esplendor a documentos, publicaciones, planificaciones, congresos y reuniones de toda índole. Pero, en la práctica, no hemos avanzado mucho en la toma de conciencia sobre el tema. Aún más, todo el universo de los «mass media» sigue siendo la cenicienta en la labor evangelizadora.
Por otra parte, cuanto más se desarrollan los medios de comunicación social -y su desarrollo es absolutamente vertiginoso-, más crece la dificultad para entenderlos, para aplicarlos a la evangelización y para entrar en su dinámica. Y, al mismo tiempo, cada vez crecen más en nosotros los miedos, las sospechas y los recelos hacia tales medios de comunicación.
Sin embargo, en algo estamos todos de acuerdo: este tema es una especie de «kairós», de oportunidad que los creyentes tenemos para no perder definitivamente el tren de la historia. Y ya sabemos que, en la mitología griega, la diosa Kairós solamente pasaba una vez y a toda prisa por la vida de los mortales, solamente tenía un pelo en su cabeza y había que agarrarla por ese único pelo. Y por si nos quedase alguna duda, ahí están las palabras premonitorias de Pablo VI en su Exhortación apostólica «Evangelii nuntiandi»: «La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más.
UNA LECCIÓN DE GEOGRAFíA
En 1976, el profesor Arno Peters elaboró una representación cartográfica de nuestro planeta muy distinta de la que estábamos habituados a ver. A los habitantes del viejo continente europeo les produjo una sorpresa mayúscula y una perplejidad desconcertante. Y todo porque presentaba la proyección geográfica desde una perspectiva mundial no eurocéntrica.
Este dato, aparentemente anodino, nos puede ser muy útil para dar el primer paso en la reflexión sobre los modernos medios de comunicación social en la evangelización. Porque nuestra percepción de lo real está ineludiblemente mediatizada por el ambiente, el lugar, la época, la cultura, la costumbre… en que nos movemos. Y la visión de la realidad condiciona, consciente o inconscientemente, nuestras convicciones sobre la misma.
Se trata, pues, de que revisemos las coordenadas de nuestros mapas evangelizadores, no sea que, sin darnos cuenta, se nos hayan quedado obsoletos y no sepamos percibir que, en la realidad, han cambiado totalmente de perspectiva. Malamente podremos tomar conciencia de los medios de comunicación social en la evangelización, si nuestra visión del mundo se ha quedado anclada en mapas que corresponden a un mundo o a una sociedad que hace tiempo pasaron a los archivos de la historia.
No cabe duda de que el mapa actual de la misión depende mucho de quién sea el cartógrafo. Pero de nada servirían los esfuerzos del cartógrafo, si nosotros seguimos sin conectar con esos ámbitos o areópagos -por ejemplo, los medios de comunicación desde donde y en donde hay que llevar a cabo hoy la misión. Y, a la vez, de nada serviría conectar con esos ámbitos, si lo hacemos como meros espectadores pasivos o como viandantes indiferentes.
Ciertamente, los antepasados de nuestra Familia vicenciana supieron revisar a conciencia el mapa siempre cambiante de la misión y supieron ir por delante en empresas que desbordaban
con creces la proyección de sus contemporáneos. Solamente hace falta echar un vistazo a la creatividad y audacia de Vicente de Paúl, de Luisa de Marillac o de Federico Ozanam, incluso en estos areópagos o escenarios que ahora llamamos «nuevos».
Por tanto, ahí quedan una serie de interrogantes como aperitivo del tema: ¿cuál es el mapa de la misión apostólica que se espera de nosotros? ¿cómo detectamos y afrontamos los llamados nuevos areópagos que nos presenta el nuevo mapa evangelizador? ¿con qué talante lo hacemos? ¿qué lugar ocupa en nuestra tarea evangelizadora y en nuestros programas de formación el areópago de los medios de comunicación social? ¿qué visión tenemos de estos medios de comunicación social? ¿estamos convencidos de que nuestra evangelización no puede quedarse al margen de estos medios? ¿con qué actitud encaramos los desafíos que los medios de comunicación social nos presentan?
UN AREÓPAGO QUE SEDUCE Y ASUSTA
El Papa Juan Pablo ll fue el primero que habló de los medios de comunicación social como un nuevo areópago para la evangelización. Lo hizo en su encíclica «Redemptoris missio», del 7 de diciembre de 1990. He aquí un párrafo significativo: «El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola -como suele decirse- en una aldea global. Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales, Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios. Quizá se ha descuidado un poco este areópago: generalmente se privilegian otros instrumentos para el anuncio evangélico y para la formación cristiana, mientras los medios de comunicación social se dejan a la iniciativa de individuos o de pequeños grupos y entran en la programación pastoral sólo a nivel secundario».
Más adelante, también dedicó una especial atención a este tema en algún documento de gran calado como la Exhortación apostólica «Vita consecrata», del 25 de marzo de 1996
Últimamente, ha sido el Sínodo de los obispos, de octubre de 2012, dedicado a «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana», el que ha subrayado la importancia de los medios de comunicación para este proyecto de la nueva evangelización. En primer lugar, en febrero de 2011, en el primer esbozo de trabajo y reflexión que, en lenguaje técnico, se llama «lineamenta», se habla de seis escenarios sociales, culturales, económicos, políticos y religiosos que hay que habitar y transformar en lugares de testimonio y de anuncio del evangelio. El tercer escenario citado es «el desafío de los medios de comunicación».
En segundo lugar, en el llamado «Instrumentum laboris» (material de estudio y trabajo para el Sínodo), del 19 de junio de 2012, se habla también de los medios de comunicación, de los tradicionales (prensa, radio, televisión) y de los nuevos (internet)
Y en tercer lugar, en el Mensaje al Pueblo de Dios, nada más terminar el Sínodo, el 26 de octubre de 2012, los obispos sinodales hacen una clara alusión al mundo de las comunicaciones sociales y, sobre todo, a los «nuevos medios»
Valgan estas breves alusiones a la voz magisterial de la Iglesia, para darnos cuenta de todo lo que es, significa y conlleva este areópago de las comunicaciones sociales. Es el areópago más poderoso, más influyente, más visible, más omnipresente y mejor estructurado para ser eficaz.
Como personas, estamos inmersos en un mundo de relaciones, de comunicaciones. Nuestra vida no puede ni vivirse ni pensarse al margen o de espaldas a la realidad diaria. Y esta realidad (buena o mala, agradable o desagradable, positiva o negativa, gozosa o angustiosa) viene recogida por los medios de comunicación social. Una simple curiosidad: ¿qué sucedería si, durante una semana, no hubiera ni prensa, ni radio, ni televisión? ¿qué sucedería si durante un mes no pudiéramos usar Internet ni el correo electrónico ni facebook ni twitter ni la telefonía móvil?
Los medios de comunicación social han sido llamados el cuarto poder. Pero hoy tal vez habría que llamarles el primer poder y el que configura y modela a los demás. Además, es ya un principio infalible que todo lo que no aparece en los medios, todo lo que «no sale en la foto», no existe. Y no es ningún descubrimiento sociológico el decir que los medios de comunicación han cambiado los comportamientos sociales de un modo revolucionario. Con su cargamento fascinante de palabras y de imágenes, de ideas y de sentimientos, de mensajes y de modelos de vida, los medios de comunicación modelan las opiniones, las actitudes, el cuadro de valores y de creencias, los modos de ser y de estar en nuestra sociedad. No le faltaba razón al teórico norteamericano Harold D. Lasswell cuando afirmaba que «a través de la comunicación penetran las ideas para remover las masas mucho mejor y más eficazmente que por otros medios muchísimo más caros».
Pero el futuro no ha hecho nada más que empezar. La Galaxia Gutenberg es ya una prehistoria de cuento de hadas. Dentro de cuatro días, por ejemplo, las autopistas de Internet y el correo electrónico, por referirme al último grito comunicador, pueden quedarse tan obsoletos como el cine mudo.
Reconozco que este areópago asusta. Reconozco que, por más vueltas que le doy, no encuentro ninguna fórmula mágica para que la misión vicenciana evangelice en y desde este areópago. Me congratulo cada vez que surge una revista de la Familia Vicenciana o aparece alguna página Web en Internet referente a la miSión vicenciana, a los grupos que la forman o a algunos aspectos relacionados con la vida y el carisma vícenciano. ¿Será ésta una forma, humilde y sencilla, pero altamente alentadora, de entrar poco a poco en este impresionante areópago? Me llena de esperanza encontrar, por primera vez en una Asamblea General de la Congregación de la Misión, un compromiso concreto y práctico sobre los nuevos medios de comunicación. Y me alienta escuchar repetidamente las llamadas del Superior General de la Congregación de la Misión para que entremos sin miedo en los medios de comunicación social y los veamos como instrumentos imprescindibles en la evangelización integral de los pobres
LA RESPUESTA PRÁCTICA DEL MISMO VICENTE DE PAÚL
Ante todos los interrogantes, inquietudes y perplejidades que nos vienen de los medios de comunicación social en la tarea evangelizadora, sería bueno que partiéramos de nuestras raíces. Muchas veces se ha oído decir que la Congregación de la Misión y la Familia vicenciana no tienen una tradición en el uso de los medios de comunicación social para su misión. Pero si acudimos al mismo Vicente de Paúl, nos encontramos con dos datos significativos e iluminadores.
En la primera ocasión, hacia 1640, con motivo de la desolación del ducado de Lorena, por obra y gracia de la Guerra de los Treinta Años, al priorato de San Lázaro llegaban puntualmente informes sobre las necesidades socorridas y las ayudas distribuidas. Y Vicente de Paúl decidió sacar partido de aquella ingente colección de informes para montar un servicio de información y de comunicación, y obtener así nuevas ayudas. Los informes corrían de mano en mano y los efectos de la comunicación se multiplicaban.
En la segunda ocasión, Vicente de Paúl mejoró esa primera experiencia informativa. Esta vez, en París y sus alrededores y en las provincias de Picardía y Champaña. Vicente de Paúl se decidió a hacer lo mismo que había hecho a propósito de Lorena, pero perfeccionando el método y extendiendo el radio de influencia. En vez de copias manuscritas, se imprimieron hojas volantes que se repartían por todo París. La redacción de las hojas fue confiada a Carlos Maignart de Berniéres, ex funcionario del Parlamento. Berniéres seleccionaba las cartas dirigidas a Vicente de Paúl por los sacerdotes de la Misión, extractaba los párrafos de mayor impacto y los engarzaba con el título genérico de «Relación». Y así nacieron las «Relaciones de lo que se ha hecho por la asistencia de los pobres de París y sus alrededores, así como en las provincias de Picardía y Champaña». Cada «Relación» constaba, por lo general, de ocho páginas y la tirada solía ser de 4.000 ejemplares. Su periodicidad varió bastante. Desde septiembre de 1650 a febrero de 1651, fue mensual. Luego se espació. Dicen las crónicas que el éxito de las «Relaciones» fue muy abundante
Tal vez, algún vicencianista piense que es extrapolar demasiado las cosas si hablamos de Vicente de Paúl y su empleo de los medios de comunicación social. Pero los historiadores del periodismo encontrarían en estas dos iniciativas de Vicente de Paúl un lógico y curioso eslabón en la cadena de los entonces nacientes medios de comunicación. Porque ese medio de comunicación social «vicenciano», que so las «Relaciones», está íntimamente hermanado con los medios de comunicación social de entonces: las llamadas «hojas volanderas» o «gazzettanti», impresos de información que nacen en Venecia -de ahí su nombre, porque costaban una «gazzetta», la unidad de moneda veneciana- y se extienden pronto por toda Italia, Alemania y Francia
A partir de aquí, los herederos de Vicente de Paúl podemos establecer una línea de necesaria utilización de los medios de comunicación social en la misión evangelizadora. Porque ¿se nos ha ocurrido pensar o soñar cuál sería la actitud de Vicente de Paúl hoy ante los modernos y tecnológicos medios de comunicación? Sin duda alguna, él no estaría al margen. Al contrario, habría establecido una red comunicativa e informativa para la evangelización de los pobres, venciendo dificultades de todo tipo. No olvidemos que Vicente de Paúl era una de las personas mejor informadas de su tiempo.
EL FASCINANTE Y DESCONOCIDO MUNDO DE INTERNET
Como todo lo nuevo, Internet causa fascinación y recelo, a partes iguales. Para unos, es el conjunto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno; para otros, es una especie de invento que alberga demasiados engaños y maldades en sus entrañas. Y, en realidad, para todos es un mundo muy desconocido y todavía sin explorar en todas sus posibilidades. Para los más optimistas, el desarrollo de las redes de comunicación abre infinitas posibilidades de información y comunicación. Para los menos entusiastas, la realidad no parece tan risueña.
El intelectual y escritor uruguayo Eduardo Galeano afirma que en Internet «existe el derecho de elegir entre una cosa y la misma cosa» y que, de hecho, «jamás tantas personas han sido informadas por tan pocas cosas», aludiendo a la concentración del poder en las redes.
Ciertamente, Internet puede crear la ilusión de la información total, del acceso ilimitado. En realidad, el derecho se limita a ver o elegir entre un menú previamente preparado y elaborado por la lógica de quien puede hacerlo.
ENTRE LOS PRIMEROS BALBUCEOS Y LA CIBERTEOLOGíA
A la hora de asomarnos a los enfoques, reflexiones, estudios y consideraciones sobre el tema concreto de Internet, nos encontramos con que el tema está todavía en sus primeros balbuceos o, por lo menos, en mantillas. Apenas hay estudios serios y sesudos sobre Internet en general y mucho menos sobre Internet como medio e instrumento para la misión o la evangelización. Se ha escrito un poco más sobre Internet como tecnología o, dicho de otro modo, en un plano estrictamente científico. También se ha abordado un poco la vertiente ética, deontológica y psicológica de Internet. Y todo ello, sin mucha profundidad y con poca profusión.
Los pastoralistas, los expertos en evangelización, los especialistas en las nuevas tecnologías continúan esperando a ver qué va pasando con esto de Internet. De vez en cuando -más bien, de pascuas a ramos- aparece algún artículo perdido que recuerda que sería interesante que la Iglesia hiciera experimentos evangelizadores con, desde y en Internet. Y, por supuesto, también de vez en cuando aparece algún documento magisterial, oficial u oficioso, sobre la potencialidad de Internet para evangelizar con un nuevo lenguaje y un nuevo estilo.
Sin embargo, hay que reconocer que el tema está saliendo de sus primeros balbuceos. Se habla mucho, últimamente, de que Internet no es sólo un instrumento para evangelizar, un medio para la misión, sino, sobre todo y ante todo, un lugar de evangelización. Es decir, Internet sería como el famoso Areópago de Atenas a donde llevaron a Pablo y donde éste pronunció el discurso que se conoce por el nombre de tal lugar (Cf Hch 17, 16-34). Y sabemos que el Areópago era una especie de plaza pública, un espacio para el diálogo y el debate ciudadano, una palestra para exponer e intercambiar opiniones de todo tipo.
Y, en esta plaza pública digital están en auge herramientas de comunicación virtual como facebook, twitter, whatsapp…, con las que los usuarios se intercambian mensajes cortos que pretenden ser evangelizadores. Ya es histórico el momento, día y hora en que el ahora Papa emérito Benedicto XVI lanzó su primer tweet. Fue el 12 de diciembre de 2012, y en su mensaje escribió: «Queridos amigos, me uno a vosotros con alegría por medio de twitter. Gracias por vuestra respuesta generosa. Os bendigo a todos de corazón». El Papa actual Francisco difundió su primer mensaje por twitter a los cuatro días de ser elegido para el ministerio petrino. Y las estadísticas dicen que, en un año, ha alcanzado más de 12 millones de seguidores en twitter en varios idiomas. Aunque, parece ser que el Papa Francisco no es nada aficionado a la realidad digital,
Lo que sí parece cierto es que esta evangelización por o en Internet tiene sus grandes defensores y propagandistas. Por ejemplo, no hace mucho se ha creado una plataforma en Internet Ilamada «Misión» (Misión en Internet) para «encarnar en este medio el anuncio del evangelio». Son un equipo de distintas familias religiosas que defienden con gran entusiasmo la red virtual como areópago evangelizador
Pero el fenómeno más sorprendente y novedoso es el nacimiento de una nueva especialidad teológica: la «Ciberteología». Su creador y mentor es el Director de la revista «La Civiltà Cattolica» y profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana, el jesuita Antonio Spadaro. Viene a decir que «la tecnología digital ha entrado en nuestra vida cotidiana no solo como una herramienta externa que simplifica la comunicación y la relación con el mundo, sino como un espacio antropológico nuevo que cambia nuestra forma de pensar y de conocer la realidad, así como las relaciones humanas… (Por eso) la tarea de la Iglesia, como la de todas las distintas comunidades eclesiales, es acompañar al hombre en su camino, y la red forma parte integrante del recorrido humano de un modo irreversible»
La pregunta lógica es si podemos llamar evangelización a esos mensajes breves que se comunican a través de las herramientas de la red. Porque, cuando esto se plantea en un foro serio
de pastoral evangelizadora, suelen aflorar espontáneamente las sonrisas irónicas o los gestos de extrañeza. Y ciertamente, cuesta mucho llamar evangelización a esos mensajes twitteros, aunque se los revista de atractivo juvenil y de desenfado creativo. El tiempo nos dirá si esta ciberteología es sólida o viene a ser un estallido más en el universo digital.
LOS DOCUMENTOS DE LA IGLESIA
Donde más reflexiones sobre Internet, como medio de evangelización, podemos encontrar es en los últimos documentos eclesiales. Sobre todo en el Papa Juan Pablo ll y en el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales. Y, en ocasiones más o menos puntuales, en la Comisión Episcopal de Comunicación Social de algunas Conferencias Episcopales, incluida la de España.
Destacaría, sobre todo, algún documento de Juan Pablo ll, donde habla claramente de la necesidad de adentrarnos en Internet para evangelizar, de aprovechar las inmensas e ilimitadas posibilidades que ofrece este medio para la comunicación del evangelio, de no tener miedo a cruzar este umbral de las comunicaciones para mostrar al mundo la gloria de Dios, de navegar por el ciberespacio para que, entre las más diversas imágenes, aparezca el rostro de Cristo… Evidentemente, el Papa Juan Pablo ll no desciende a líneas de acción concretas pero, a mi juicio, constituye una magnífica plataforma para encarar este tema muy positivamente.
Y también destacaría el documento «La Iglesia e Internet» del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, del 22 de febrero de 2002. En este documento, hay afirmaciones tan tajantes como éstas: «Un número creciente de parroquias, diócesis, congregaciones religiosas, instituciones relacionadas con la Iglesia, programas y todo tipo de organizaciones hacen ahora uso efectivo de Internet… En algunos lugares, tanto a nivel nacional como regional, han existido proyectos creativos patrocinados por la Iglesia, La Santa Sede ha estado activa en esta área durante muchos años, y sigue difundiendo y desarrollado su presencia en Internet. A los grupos vinculados a la Iglesia que todavía no han dado este paso se les anima a considerar la posibilidad de hacerlo cuanto antes. Recomendamos encarecidamente el intercambio de ideas e información sobre Internet entre quienes ya tienen experiencia en este campo y quienes son principiantes». Y continúa: «Es importante, además, que la gente en todos los sectores de la Iglesia use Internet de modo creativo para asumir sus responsabilidades y realizar la obra de la Iglesia. No es aceptable quedarse atrás tímidamente por miedo a la tecnología o por cualquier otra razón, considerando las numerosas posibilidades positivas que ofrece Internet. Como colofón, propone que los seminaristas, los sacerdotes, los religiosos y el personal pastoral laico se formen en el entendimiento y el uso de Internet
Evidentemente, también en estos documentos se lanza la voz de alerta de que «Internet es una puerta abierta a un mundo atractivo y fascinante, pero no todo lo que está al otro lado de la puerta es sano, saludable y verdadero».
Y el Pontificio Consejo para las Comunicaciones sugiere también algunas virtudes que se han de practicar para hacer un uso correcto y adecuado de Internet: prudencia para ver las implicaciones de este medio; creatividad para aprovechar sus oportunidades; justicia para cerrar la brecha digital entre ricos y pobres, y para fomentar el bien común y la globalización de la solidaridad; fortaleza y valentía para defender la verdad frente al relativismo moral y religioso; altruismo y generosidad frente al consumismo individualista; decencia frente a la corrupción, sabiduría para usarlo con inteligencia y para el bien…
INTERNET, UNA REALIDAD AMBIGUA
En el anteriormente citado Documento «La Iglesia e Internet», se subraya: «Dado que anunciar la buena nueva a la gente formada por una cultura de los medios de comunicación requiere considerar atentamente las características especiales de los medios mismos, la Iglesia necesita ahora comprender Internet. Esto es preciso para comunicarse eficazmente con la gente, de manera especial con los jóvenes, que están sumergidos en la experiencia de esta nueva tecnología, y también para usarla bien
Vamos, pues, a aproximarnos a Internet para conocer, aunque sea muy sucintamente, algunas de sus peculiaridades. Me ahorro extenderme en explicaciones de términos técnicos, que están en cualquier manual elemental. Aunque, como alguien ha dicho, hay que advertir que, en un futuro muy próximo que ya es presente, el ciudadano que sea ajeno a este lenguaje digital puede ser considerado como un analfabeto funcional.
Como señala el profesor Manuel Castell, «Internet es el tejido de nuestras vidas en este momento. No es futuro. Es presente.
Esta tecnología es mucho más que una tecnología. Es un medio de comunicación, de interacción y de organización social»
Internet está creando una cultura distinta y unas formas de comportamiento distintas. Hace tiempo que se empezó a hablar de la «digitalidad» (sociedad sin barreras, mundo virtual, información sin dueño ni cortapisas, comunicación instantánea, pluralismo a la carta…). Por otra parte, Internet es una realidad ambigua, con dos caras. Por eso, por su ambigüedad, Internet es tan impactante en todos los aspectos de la sociedad. Y esa ambigüedad es fruto de sus características, unas características muy propias y muy diferenciales de los demás medios de comunicación
El Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, en su documento «Ética en Internet», también del 22 de febrero de 2002, ya nos adelanta alguna de estas características: «Es instantáneo, inmediato, mundial, descentralizado, interactivo, capaz de extender ilimitadamente sus contenidos y su alcance, flexible y adaptable en grado notable. Es igualitario, en el sentido de que cualquiera, con el equipo necesario y modestos conocimientos técnicos, puede ser una presencia activa en el ciberespacio, anunciar su mensaje al mundo y pedir ser oído. Permite a las personas permanecer en el anonimato, desempeñar un papel, fantasear y también entrar en contacto con otros y compartir. Según los gustos del usuario, se presta igualmente a una participación activa o a una absorción pasiva en un mundo narcisista y aislado, con efectos casi narcóticos. Puede emplearse para romper el aislamiento de personas y grupos o, al contrario, para profundizarlo»
Puestos a desbrozar, concretar y desarrollar estas características, podríamos trazar, con cierto atrevimiento, el siguiente cuadro lleno de claroscuros, de sombras, de luces, de ángulos positivos y de aspectos negativos. Evidentemente, es un cuadro muy personal. Tal vez, otros trazarán otro cuadro de Internet bastante diferente:
— Internet está conducida por los propios usuarios. Nadie manda en la red. El usuario campa a sus anchas.
— En Internet cabe toda la información que cada cual quiera colgar. Y, además, es un medio barato. En Internet cabe la información objetiva, la contrastada, la irreal, la inventada, la virtual, la media verdad, el rumor, la verdad entera…
— En Internet se puede favorecer el anonimato, el seudónimo, la alteración de personalidad (los chat y los foros son un buen ejemplo).
— En Internet, por aquello del anonimato, caben toda clase de contenidos: lícitos, ilícitos, políticamente correctos, ácratas, éticos, antiéticos, extravagantes, extraños, llenos de cordura, rayanos en la locura…
— Internet no es propiedad de nadie. Están los llamados «dominios propios» o «inscritos», pero la red, en cuanto autopista de información y comunicación, no es propiedad de nadie; todos pueden, si quieren, tener sitio en Internet.
— Su crecimiento está siendo absolutamente ilimitado. En sus inicios, hacia 1990, sólo tenían acceso a la red una decena de ordenadores; a finales de 1995, ya eran unos 9 millones de usuarios; y, en la actualidad, se calculan mucho más de 600 millones en 160 países diferentes. Pero esta última cifra ya habrá aumentado considerablemente en estos mismos instantes en que estoy escribiendo.
— En Internet sólo hay una norma: la libertad sin límites. No hay ni control ni censura (últimamente está empezando a funcionar la «policía cibernética», a raíz del «Convenio sobre ciberdelincuencia» del Consejo de Europa, en el que se tipifican las conductas delictivas que tienen cabida en el Código penal).
— En Internet, el usuario no se limita, como en otros medios de comunicación (televisión, prensa…) a recibir información; él crea información y comunicación: responde, participa, demanda, opina…
— Internet se mueve en «tiempo real» y la velocidad es su auténtico valor y su punto de fuerza. Entre redacción, impresión y distribución, las noticias de una revista llegan a manos del lector hasta con siete días de retraso; en Internet llegan en unos segundos. Y es, por tanto, el tiempo el primer requisito por el que un sitio de Internet gana o pierde. Algunos analistas sostienen que, en Internet, cuatro semanas equivalen a un año solar,
— Internet se apoya en la «seducción», en la presentación agradable a los sentidos, en la estética, en la sorpresa visual. Si Internet equivale a una ventana, más allá de la ventana debe abrirse un paisaje hermoso a la vista, o, de lo contrario, todos cierran esa ventana.
— En Internet se puede crear una atmósfera de solidaridad en cadena. Algunas causas nobles que se daban por perdidas, han sido ganadas por la cadena de altruismo solidario generado en Internet. — Internet puede fomentar un ser solitario y aislado del mundo real al ensimismarse en el mundo virtual del ciberespacio.
— En Internet se puede ampliar el círculo de amistades y se puede salir del aislamiento y la marginalidad comunicativa.
Todas estas características o aspectos destacables en la red nos pueden dar una idea de la potencia de Internet y, al mismo tiempo, de su absoluta ambigüedad. Pero algo queda claro: Internet está presente en nuestras vidas y es tan ambiguo como la vida misma.
INTERNET, ¿BRECHA DIGITAL O MEDIO DE SOLIDARIDAD?
En 1997, con ocasión de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa Juan Pablo ll expresaba una preocupación: «Debemos esperar que la brecha entre los beneficiarios de los nuevos medios de información y expresión, y aquéllos que hasta ahora no han tenido acceso a estos, no se convierta en otra obstinada fuente de desigualdad y discriminación. No sé si el Papa aludía expresamente a Internet. Pero su preocupación se puede trasladar también a este medio.
En definitiva, estas palabras del Papa pueden hacer referencia a lo que se conoce como la brecha digital. Es decir, hace referencia a una cuestión que, como humanos, como creyentes, como vicencianos, como evangelizadores, nos debe interesar y preocupar muy mucho: ¿Internet puede ayudar a los países pobres? ¿puede ser un medio de promoción de los países pobres? ¿puede ser un instrumento para aliviar y eliminar el abismo tan tremendo entre los países pobres y los países ricos? O, por el contrario, ¿añade un abismo más profundo y angustioso, conocido como brecha digital?
Porque se habla de Internet como la red global, el ciberespacio que todo lo abarca. Pero realmente ese «todo» se circunscribe a los países que económicamente pueden permitírselo. Actualmente, una inmensa parte del planeta no tiene acceso a los servicios más básicos para garantizar una vida digna. A la vista de esto, ¿qué significa Internet para los países pobres?
Me permito transcribir la opinión de un experto en el tema: «Aunque parezca lo contrario, Internet es un bien para los países pobres. Los países pobres están marginados en la industria de la comunicación. No hay más que ver cuántos libros publican, cuántos periódicos y revistas, cuántas televisiones tienen, cuántos canales propios, etc. Internet permite publicar un libro, un periódico, una revista con muy pocos costes. Beneficia, pues, a quienes tienen menos medios económicos. Internet permite que una escuela rural aislada se conecte con grandes recursos educativos que nunca tendría por otros medios. Permite que un hospital rural aislado se conecte con recursos médicos humanos y técnicos. Permite que los dispersos habitantes de las zonas rurales accedan a servicios de la administración que tienen sus sedes en las ciudades. En una palabra, Internet permite romper el aislamiento y acceder al conocimiento producido en cualquier parte del mundo. Eso interesa a los países pobres. Internet puede ayudar muchísimo a los países pobres: puede promover nuevas industrias, evitar la fuga de cerebros, reducir costes en muchas áreas administrativas, facilitar la cooperación, etc. El problema no es la tecnología, sino la infraestructura. Porque hablamos de países con deficiente, pobre o inexistente infraestructura de telecomunicaciones. Hay más teléfonos en Manhattan que en toda el África subsahariana.
La mitad de la humanidad no ha hecho nunca una llamada telefónica. Y las inversiones para levantar una infraestructura de telecomunicaciones son tan enormes que es ahí donde está el gran problema para el establecimiento de Internet en los países pobres. Es un problema mundial y es una responsabilidad de todos los que queremos que Internet sea realmente una ciudad global
El quinto compromiso del Documento final de la Asamblea General-1998, de la Congregación de la Misión, se mueve en esta línea positiva y esperanzadora respecto al empleo de Internet en la evangelización integral de los pobres: «Estamos avanzando hacia una era de tecnología e información que lleva consigo unas nuevas formas de pobreza no reconocidas y, por ello, más insidiosas. Los pobres, sin tener acceso a ellas, llegarán a ser más marginados y más pobres. Hoy los medios de comunicación siguen desarrollándose. En este contexto, una problemática importante es saber si los pobres son capaces de participar en estos medios para romper el círculo de la pobreza y para sentarse a la mesa como uno de tantos, a fin de tomar allí la palabra; y si la Congregación de la Misión podrá utilizar estos medios al servicio de la misión. El Internet es un vehículo poderoso que puede unir a los pueblos. Cuando se le usa debidamente sirve para fomentar las relaciones humanas y la solidaridad. Como tal se puede utilizar para la evangelización, la formación, la colaboración y la ayuda legal a los que no tienen voz. Y aterriza en tres puntos muy concretos: Congregación de la Misión, a través de sus miembros y sus estructuras, se compromete a: 1) Tomar iniciativas que favorezcan el acceso de los pobres a los medios de comunicación para que puedan participar de sus beneficios. 2) Establecer una red de comunicación mundial que fomente activamente su uso, ofreciendo ayuda económica y tecnológica donde se necesite y se requiera. 3) Promover activamente la participación de la Familia vicenciana en conseguir estos objetivos, favoreciendo especialmente la distribución mutua de publicaciones por Internet
EL GRAN BAZAR DE LO RELIGIOSO
Cuando se habla de Internet como medio para la evangelización o para la misión, algunos inmediatamente citan una lista interminable de páginas Web de temática religiosa, eclesiástica, eclesial, etc.
Y, ciertamente, Internet es un inmenso bazar de lo religioso, es un inmenso almacén de datos, documentos, informaciones, reflexiones que tienen que ver de una manera plena o simplemente tangencial con lo religioso.
Cada credo tiene su página o sus páginas o su portal en la red. Si tan sólo nos quedásemos con las páginas y los portales de orientación católica, el abanico sería interminable. Hay páginas web oficiales y alternativas, de movimientos eclesiales bien vistos y peor vistos. Las hay que apuntan al siglo XXII y otras que vuelven al siglo XVI o más atrás. Las hay apologéticas (ya sean rancias o más contemporáneas y actuales), informativas, testimoniales, pretendidamente evangelizadoras, moralizantes, pastorales, de religiosidad popular, piadosas, devocionales, espiritualistas, congregacionales… Las hay beligerantes contra el estamento eclesiástico, las hay también absolutamente agresivas contra todo lo que huele a Iglesia (por cierto, casi siempre con un dogmatismo tan intransigente como aquel que dicen querer combatir).
En las web religiosas se ofrecen noticias, reportajes, entrevistas, informes, artículos, oraciones, poesías, cantos, pensamientos, imágenes, homilías, devociones personales, alocuciones apocalípticas, lecciones moralizantes… Todo tiene cabida. Las hay con música de órgano, con melodías aflautadas, con canto gregoriano, con salvapantallas celestiales y angelicales, con colores de lo más estridente y de lo más candoroso. Las hay modernísimas y barrocas, entretenidas y aburridísimas. O sea, que hay de todo y para todos los gustos. O sea, un bazar bien surtido.
A veces, pensamos que por las autopistas cibernéticas no circula el Reino de Dios, pero si, en un buen «buscador», tecleamos el término «Reino de Dios», en español, en francés, en inglés y en alemán, nos da el siguiente resultado: en español aparecen 253.000 voces; en inglés aparecen 204.000 voces; en francés aparecen 117.000 voces; y en alemán aparecen 36.500 voces. Ciertamente, muchísimas de estas voces están repetidas y otras ya no funcionan en la red o funcionan de vez en cuando, pero la muestra es significativa. Otra cosa es el contenido tan heterogéneo, diverso y hasta pintoresco que encontramos en esas páginas web.
Todas esas páginas web religiosas, eclesiales o afines se pueden resumir en las siguientes categorías:
— Páginas con información. Normalmente se pueden encontrar en la web todos los Documentos oficiales del magisterio, cartas apostólicas, encíclicas. Internet es una inagotable biblioteca, un gran archivo. También se pueden encontrar artículos e informaciones de agencias de prensa más o menos especializadas en el tema, de congregaciones, de revistas religiosas…
— Páginas con recursos pastorales. Se puede encontrar en Internet de todo: dinámicas de grupo, catequesis de niños, planes de confirmación, homilías de la más variada procedencia.
— Páginas para orar. No son muchas, pero hay algunos espacios virtuales que se plantean como un espacio para la reflexión y para la oración. Hay modelos muy sencillos (un poema y una música ambiental) y modelos más elaborados con el diseño propio del «power point».
— Páginas de opinión. Buena parte de las páginas religiosas son, en realidad, escaparates de las ideas propias de sus autores. Como la vida misma: depende de la inteligencia, del sentido común, del buen o mal gusto, de la estética, de la teología (especialmente de la eclesiología), del interés… del que se acerca a ellas, o sea, al gusto del consumidor.
— Foros de opinión y discusión. Generalmente, se parecen mucho a los foros de otras materias, exceptuando los especializados en cuestiones técnicas o científicas. En los foros de temática religiosa o eclesial, suelen primar los dinamiteros con insultos y descalificaciones, los fundamentalistas anclados en el dogmatismo excluyente, los polemistas bastante ignorantes de la materia sobre la que polemizan… No son foros de diálogo y de opinión seria, respetuosa, formada y sólida.
— Páginas de familias religiosas o congregacionales. Suelen centrarse en el fundador, en su historia, en su carisma, en las actividades apostólicas que realizan, en noticias propias de la familia religiosa o de la Congregación.
— Páginas oficiales de las Conferencias Episcopales y de las distintas Diócesis. Suelen centrarse en lo «oficial»: artículos o cartas pastorales del Pastor diocesano, algún documento interesante, organigrama de la curia diocesana, parroquias, delegaciones, arciprestazgos… Y alguna que otra noticia. Algunas de estas páginas están poco actualizadas, con sensación de cierta desidia.
Las preguntas que nos tenemos que hacer ante este variado y variopinto bazar de lo religioso son obvias: ¿Es apropiada esta forma de entender y de usar Internet para evangelizar? ¿es evangelizador todo este maremagnum religioso, de contenidos y formas, que hay en Internet? ¿es suficiente para evangelizar esta forma de entrar en el ciberespacio?
Mi opinión sincera es que, tal como se presentan hoy la mayoría de las páginas web en Internet en el tema religioso, distan muchísimo de ser medios apropiados para la evangelización en la sociedad actual. Ni su contenido, ni su presentación, ni su lenguaje, en la mayoría de los casos y con poquísimas excepciones, las hacen medios mínimamente aptos para la adecuada evangelización del hombre y de la mujer de esta cultura digital.
Y, por supuesto, si nos referimos a los jóvenes como principales usuarios de Internet, la conclusión sobre la idoneidad evangelizadora de la mayoría de esas páginas, es claramente insuficiente, por no decir nula.
TRES LÍNEAS DE ACCIÓN
Cualquier lector o lectora podrá decir: todo lo anterior está muy bien, pero vamos a lo práctico. Es decir, ¿qué hay que hacer? ¿cuál es la fórmula infalible para usar Internet como medio de evangelización? ¿cómo tiene que interpretar y usar internet un vicenciano o una vicenciana para que sea un verdadero areópago para la misión?
No tengo ni recetas ni fórmulas mágicas. iQué más quisiera yo! Además, creo que nadie las tiene. Todos vamos caminando por estas autopistas de la información y de la comunicación lo mejor que sabemos y que podemos. Que no es poco.
Sin embargo, me atrevo a señalar tres líneas de acción o tres puntos prioritarios en el uso de Internet como instrumento de evangelización. Porque, como he dicho más arriba, una de las principales peculiaridades de Internet es la democracia, el hecho de ser un sistema abierto y pluralista en todos los sentidos. Y esta peculiaridad puede transformarse en coparticipación, en cuanto que todo lo que se produce o se transmite puede ser visto y usado por todos. Experiencias, reflexiones, testimonios, puntos de vista, estudios, documentos… llegan a ser de dominio público en pocos instantes. Por eso, habría que cuidar mucho en Internet las tres siguientes líneas de acción:
A la hora de plantearse la creación de páginas web o de portales pastorales o evangelizadores, es necesario tener en cuenta a quiénes van a ir dirigidas fundamentalmente esas páginas. Y sería bueno que supiéramos definir el segmento o los segmentos de población que más nos interesan. Porque la difusión en la red no viene únicamente por el número de visitas, sino por el uso que se pueda dar después al material presentado.
Hay que optar por dirigirse a sectores bien definidos (agentes de pastoral social, catequistas, voluntariado, miembros de pastoral juvenil-vocacional…), más que por querer abarcar a tanta gente anónima que, al final, no nos dirijamos a nadie.
El verdadero reto para que Internet sea un buen medio de evangelización son los contenidos. Porque tienen que ser páginas web con buen material. Tal como está hoy el bazar de lo religioso en Internet, por cada página de calidad, hay veinte o cuarenta que son intragables. Por cada buena dinámica que podamos encontrar en la red, hay veinte que parecen elaboradas por gente que vive en la luna o en la higuera, Por cada oración o poesía que invita a rezar y a meditar, hay cientos que dan ganas de reír o de llorar de puro empalagosas.
Es imprescindible una tarea de selección de buen material. Los portales de Internet que se limitan a colgar todo el material que llega a sus manos, con el criterio de que «a alguien servirá», hacen perder el tiempo y la paciencia a quien busca algo sólido, mínimamente profundo y actual. Hay que apostar por la selección, más que por la acumulación.
No hay que olvidarse de la presentación, del diseño, del atractivo. Ya he apuntado antes algo de esto. No hay que olvidarse que Internet tiene un altísimo tanto por ciento de estética, entra por los ojos. Estamos en una sociedad «icónica», de la imagen, e Internet colabora a dar importancia a la imagen en esta sociedad. Colgar en Internet materiales muy buenos, pero sin estética, sin imagen atrayente, sin diseño seductor, es condenarlos, de antemano y sin remedio, al fracaso más estrepitoso. Un material regular, incluso mediocre, con un diseño atractivo y estéticamente bien cuidado, tiene más éxito en Internet que el mejor material colgado de cualquier manera.
UN DECÁLOGO ELEMENTAL
Sin ánimo de agotar el tema, sugiero un decálogo elemental que puede ayudar a mejorar nuestro uso de los medios de comunicación social en y para la evangelización. Diez puntos que pueden resultar enriquecedores y sugestivos para entrar en este complicado areópago de la información y de la comunicación. Diez puntos nada originales ni extraordinarios, pero cargados, sobre todo, de sentido común.
— En primer lugar, es necesario tener ante los medios de comunicación una actitud equilibrada. Es necesario huir de dos extremos igualmente perniciosos: la absolutización y el desprecio. Hay que evitar dos tentaciones constantes: la canonización y la demonización. Y es importante saber valorarlos en lo que tienen de positivo y, por el contrario, saber criticarlos y relativizarlos en lo que tienen de negativo.
— Es urgente quitar de nosotros actitudes de recelo, de sospecha sistemática hacia los medios de comunicación social. No se puede emplear un instrumento para la evangelización si, por principio, no vemos nada bueno en él.
— Allá por los años sesenta, Marshall Mc Luhan ya advirtió que «el medio es el mensaje». No podemos presentar hoy unos medios escritos, audiovisuales o informáticos sin atractivo periodístico, sin «garra», sin modernidad. No podemos presentar al hombre y a la mujer de esta sociedad un producto mediático que pertenece a otra época. No olvidemos que, muchas veces, la primera impresión, la primera imagen que se tenga de un medio de comunicación va a ser definitiva en su aceptación o en su rechazo.
— Hay que evitar el «amateurismo». Hoy no basta la buena voluntad para emplear los medios de comunicación. Es necesaria
la profesionalidad, la preparación, la formación seria y adecuada para emplear esos medios. El gran fallo que casi siempre han tenido los medios de comunicación en el ámbito de la Iglesia ha sido, precisamente, la improvisación y la falta de profesionales bien formados y competentes en el tema.
— El lenguaje escrito, oral o visual tiene una importancia total en los medios de comunicación. Para evangelizar bien hay que saber traducir el mensaje cristiano al lenguaje de hoy. Traducir sin traicionar, por supuesto. Un lenguaje obsoleto, abstracto, teórico, excesivamente magisterial y teológico está condenado al fracaso en los actuales medios de comunicación. He aquí una asignatura pendiente en nuestra tarea evangelizadora. San Pablo escribe a los cristianos de Roma que «cómo oirán hablar del Señor sin nadie que lo anuncie» (Cf. Rom 10, 14-15). Pero hoy habría que añadir: ‘cómo van a escuchar lo que se anuncia del Señor si no entienden el lenguaje, si el anuncio está envuelto en un lenguaje de otros tiempos que hoy ya nadie emplea y a nadie interesa».
— No hay que confundir información y comunicación con adoctrinamiento. Comunicar el mensaje liberador de Jesús de Nazaret convirtiendo el periódico, la revista, la radio, la televisión o Internet en un manual de sermones o en un código de preceptos morales, es equivocar la forma y el fondo, y es equivocarse de época y de receptores.
— Nuestros medios de comunicación no pueden encerrarse en los muros de la propia familia. Tienen que estar abiertos hacia fuera. Un medio de comunicación que solamente se mueva hacia dentro se convierte en un «boletín familiar», y un boletín no tiene rango de medio de comunicación. También en este campo hemos caído demasiadas veces en un clericalismo excluyente y excesivamente cerrado.
— Hay que introducirse en los medios de comunicación ajenos, en mayor o menor grado, a la esfera eclesial. Ciertamente, es difícil porque a los grandes medios no les interesa demasiado la vida de la Iglesia -a no ser que se trate de temas morbosos, escandalosos y fronterizos- y no consideran noticiable el mensaje evangélico. Pero habría que hacer un esfuerzo para que el mensaje cristiano esté presente, de alguna forma, en los medios de mayor alcance que son, al fin y al cabo, las plazas públicas de nuestra sociedad, los areópagos más importantes de hoy mismo.
— Ha llegado la hora, aunque con bastante retraso, de que los medios de comunicación social formen parte obligatoria de nuestros estudios más serios y sistemáticos. Porque de nada valen todas las recomendaciones antiguas y nuevas del magisterio eclesial sobre las potencialidades y la utilización de los medios de comunicación en la evangelización, si nos contentamos con unos cuantos cursillos eventuales, unas cuantas lecturas más o menos tópicas y superficiales o simplemente incluimos los medios de comunicación en algún capítulo breve, anodino y perdido de determinadas asignaturas marginales.
— Precisamente porque conocemos poco y mal la complejidad y el entramado de los medios de comunicación, caemos en el error de pensar que cualquier persona con una cultura secular aceptable está en condiciones de abordar algo que, en la actualidad, desborda a técnicos, sociólogos, profesionales y expertos. Esto quiere decir que tenemos que decidirnos, de una vez por todas, a preparar auténticos expertos en los medios de comunicación. El mismo Juan Pablo ll nos lo recuerda en su Exhortación apostólica «Vita consecrata. Sería un signo elocuente de que nos tomamos en serio este tema.
UN TEMA QUE SIGUE ESPERANDO…
No sé si habré aclarado algo sobre los medios de comunicación para la evangelización en general y para la misión vicenciana en particular. En todo caso, pienso que lo expuesto es sólo un aperitivo. El tema sigue ahí con una importancia capital y una urgencia ineludible. Y ante este tema no podemos pasar de largo ni hacer oídos sordos.
Para concluir me voy a servir de un amplio párrafo del cardenal Carlo María Martini. Es una reflexión crítica, acertada y, sobre todo, interpelante: «Tengo la impresión de que en la Iglesia no hemos comprendido aún suficientemente el desafío de los medios. No sabemos, realmente, servirnos de la comunicación. Hemos generado complejos de inferioridad con respecto a los grandes sistemas públicos de la prensa, la televisión y la radio. Aún no conocemos bien el nuevo lenguaje… Somos lentos y frecuentemente poco creativos frente a estas herramientas que están a nuestra disposición. Todos nosotros, empezando por los obispos y los sacerdotes, nos quejamos de los medios públicos. Nos quejamos de que sumergen a los jóvenes en un mundo de violencia, pornografía, etc., presentándoles un cuadro superficial de la vida. Pero apenas reaccionamos animando producciones de calidad. En una palabra, no tenemos conciencia mediática. No la tenemos aún… Debemos sanar nuestra manera de comunicar. La Iglesia nace de la comunicación: del amor de Dios, de la Trinidad. La Iglesia existe para la comunicación, porque ella misma es comunicación, una red de relaciones en la confesión de la fe, la oración, la liturgia, la predicación, la catequesis, la caridad, el diálogo.
Celestino Fernández
La Milagrosa







