La iglesia de Saint-Yves, de Roma, fue antiguamente donada por Su Santidad a la nación de Bretaña para que mantuviese en ella a seis eclesiásticos bretones, y hoy tiene unos 800 escudos de renta.
Después que se anexionó Bretaña a la corona de Francia, la Congregación de los Señores de San Luis asumió el gobierno de dicha iglesia de Saint-Yves y transfirió los seis beneficios y la renta de Saint-Yves a la de San Luis.
De este cambio en el gobierno se ha seguido el que la iglesia está mal servida, pues nadie más que el párroco y otro sacerdote residen en el lugar, y los beneficiados llevan una vida desordenada.
Varias personas de insigne piedad que han visto cómo los sacerdotes de la Misión, no sólo se aplican a la salvación del pobre pueblo del campo, sino que además forman a los sacerdotes en las materias espirituales, en la teología práctica, en las ceremonias de la iglesia, en la predicación y en la catequesis, estiman sería un acto de piedad dar a éstos la administración de dicha iglesia de Saint-Yves, con la condición y mientras ellos desempeñen sus funciones y cumplan con las obligaciones propias de dicha iglesia y de la formación de dichos eclesiásticos, y nada más.
Las ventajas que de ahí pueden derivar son: 1º, que la iglesia esté mejor servida; 2º, que en lugar del único sacerdote que hay, haya tal vez más de doce; 3º, que dichos seis beneficiados se formen en la piedad y servicio de las cosas eclesiásticas y respondan ante Su Santidad de que los beneficios de Bretaña recaigan en buenos sujetos; 4º, que los eclesiásticos piadosos de esta provincia que así lo deseen, puedan hallar aquí un retiro seguro para estudiar y servir a Dios; 5º, que se corrija el desorden en que al presente viven y el mal que hacen en las feligresías, de las que, en su territorio, están provistos, siendo intención de Su Santidad que, en la colación de beneficios, ellos mismos sean preferidos a otros.
Nadie hay que tenga aquí intereses creados: el papa ve ahí el cumplimiento de sus propósitos, el rey nada pierde, pues no provee ninguno de los beneficios; Bretaña percibe su cuenta, pues tendrá el mismo número de sacerdotes mantenidos por dicha iglesia; la iglesia de San Luis nada pierde, pues aunque pierde esta renta, se descarga igualmente de estos costos; los administradores pierden ahí únicamente la disposición del curato, que nada representa en comparación del consuelo que experimentarán viendo a Dios mejor servido; y el señor párroco lo ve con agrado y lo desea, y nos llama con insistencia.







