24 junio 1628
Santísimo Padre,
El gran fruto y edificación que reciben nuestros súbditos del campo por la buena asistencia e instrucción que les dan los sacerdotes de la Misión, fundados para ir de aldea en aldea predicando, exhortando, confesando y catequizando al pobre pueblo, sin recibir ninguna retribución temporal, nos hace desear que esta Misión se establezca en una forma tal que pueda acrecentarse y durar en el futuro. Por eso dirigimos esta carta a Su Santidad para suplicarle con todo afecto que se digne favorecer y apoyar con su autoridad un propósito tan santo, tan útil y tan loable, erigiendo la Misión de dichos sacerdotes en congregación formal, según la instancia que hará en nuestro nombre el señor de Béthune, nuestro embajador, a quien nos remitimos. Suplicamos a Dios, Santísimo Padre, que se digne conservar largos años a Su Santidad, manteniéndolo y ayudándole en el gobierno y régimen de nuestra madre la santa iglesia.







