Vicente de Paúl, Documento 078: Carta De Los Obispos De Francia Al Papa Inocencio X

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Beatísimo padre.

Es costumbre solemne de la iglesia confiar a la Sede apostólica los asuntos de mayor importancia, lo que la fe de Pedro, que no ha de fallar, pide siempre retener como derecho propio.

Obedientes con toda justicia a esta ley, creímos conveniente escribir a V. Santidad sobre un gravísimo asunto concerniente a la religión.

Hace ya diez anos que Francia está conmovida por vehementes perturbaciones con gran tristeza por nuestra parte, debido al libro póstumo y a la doctrina del Reverendo Cornelio Jansenio, Obispo de Yprès. Convenía, ciertamente, calmar tales perturbaciones con la autoridad del Concilio de Trento, o con la Bula, mediante la cual, Urbano VIII, de feliz memoria, se pronunció contra las tesis de Jansenio, lo que confirmó Pío V y Gregorio XIIl con sus decretos, en contra de Bayo. Con nuevo documento se reafirmó la verdad y la fuerza de la Bula, pero como no se dictó censura concreta a cada una de las proposiciones, se ha dado pie para la evasión y cavilaciones de algunos.

Esperamos que todo esto se acabe de una vez, si, como lo pedimos, V. Santidad define clara y distintamente lo que se ha de pensar sobre este asunto. Pedimos, pues, que sobre estas proposiciones, en las que principalmente la discusión y controversia es más peligrosa y ardiente, V. Santidad dictamine sentencia clara y cierta sobre cada una de ellas.

Primera: Que algunos preceptos divinos son imposibles a los hombres justos que quieren y se esfuerzan, teniendo en cuenta las fuerzas presentes que poseen; les falta la gracia que les haga posibles dichos preceptos.

Segunda: Que en el estado de naturaleza caída nunca se resiste a la gracia interior.

Tercera: Que para merecer y desmerecer en el estado de naturaleza caída no se requiere en el hombre la libertad de necesidad, sino que es suficiente la libertad de coacción.

Cuarta. Que los semipelagianos admitían la necesidad de la gracia preveniente, aun para el inicio en la fe: y en esto se equivocan los herejes, quienes quieren que la gracia sea tal que la voluntad humana pueda resistirla.

Quinta. Que es semipelagiano el decir que Cristo murió por todos los hombres absolutamente, y que por todos derramó su sangre.

V. Santidad ha experimentado, no hace mucho, cuanto vale la autoridad de la S. A. combatiendo el error de una doble cabeza de la iglesia, inmediatamente la tempestad queda calmada, los vientos y el mar obedecen al mandato y voz de Cristo. Por lo tanto, ardientemente deseamos, Beatísimo Padre, que dictando sentencia clara y firme sobre el sentido de dichas proposiciones, a la que el mismo Reverendo Jansenio, próximo a la muerte, sometió su obra, aclares toda obscuridad, alientes los ánimos fluctuantes, prohíbas las desavenencias y restituyas a la iglesia el esplendor y la tranquilidad.

Mientras esta esperanza brilla en nuestras almas, deseamos y pedimos por V. Santidad muchos y prósperos años y que el Rey inmortal de los siglos le añada a esta vida la felicidad eterna.

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