Después de levantarme, adoraré la majestad de Dios y le daré gracias por la gloria que posee, por la que le ha dado a su Hijo, a la santísima Virgen, a los santos ángeles, al ángel de mi guarda, a san Juan Bautista, a los apóstoles, a san José y a todos los santos y santas del cielo; le daré también gracias por las que ha concedido a la santa iglesia, y sobre todo por las que yo he recibido de él, concretamente por haberme conservado durante la noche. Le ofreceré mis pensamientos, mis palabras y mis acciones en unión con las de Jesucristo y le pediré que me guarde de ofenderle y que me dé la gracia de cumplir fielmente todo lo que le sea más agradable.
Vicente de Paúl, Documento 074: Consejos A Una Persona Distinguida







