Antes de las órdenes
1. Pensar si se tiene vocación para el estado eclesiástico.
2. Rezar a Dios y hacer que le recen para conocer esa vocación.
3. Consultar al confesor o a alguna persona distinguida.
4. Una vez reconocida la vocación, abrazarla con pureza de intención de la gloria de Dios y de la salvación propia.
5. Tener un título que no sea fingido ni falso.
6. Hacer las publicatas un mes antes de la ordenación; presentar un certificado de rectitud de vida y costumbres.
7. Presentarse al examen con espíritu de indiferencia, tanto ante la admisión como ante la exclusión.
8. Al acercarse el tiempo de los ejercicios, hacer muchos actos de renuncia al mundo y de deseo de entregarse a Dios.
Durante los ejercicios
1. Entrar en ejercicios con grandes deseos de aprender las funciones y virtudes propias de cada orden y de las que son convenientes y comunes a todo el estado eclesiástico.
2. Pedirán a Dios todos los días que les dé una corazón dócil para aprender bien lo que se enseñe.
3. Tomarán todos los días notas de las cosas más interesantes que hayan aprendido.
4. Emplearán con fidelidad todo el tiempo para realizar debidamente todos los ejercicios.
5. Le pedirán algún tiempo oportuno al que dirija los ejercicios, a fin de pensar y escribir su confesión general.
6. Le pedirán permiso al director de los ejercicios para hacer algunas humillaciones, como servir a la mesa o barrer.
7. Cuando vayan a recibir las sagradas órdenes, se ofrecerán y se consagrarán a Dios sin reserva ni excepción alguna, de la forma que se les enseñe.
Después de los ejercicios
1. Dar gracias a Dios por el orden que hayan recibido y por las instrucciones que hayan escuchado para ello, a diferencia de tantos miles de eclesiásticos que han recibido las órdenes en diversos rincones del mundo sin esta preparación.
2. Proponerse practicar bien las instrucciones recibidas.
3. Decir u oír todos los días la santa misa.
4. Confesarse dos veces cada ocho días con el mismo confesor.
5. Hacerse un orden para la jornada y observarlo.
6. Ver la forma de que pueda tenerse todos los domingos una predicación o un catecismo.
7. Tener un director para comunicar con él todas las disposiciones interiores.
8. Aceptar los cargos y condiciones en que les quiera emplear el prelado, y permanecer allí en espera de cualquier otro empleo que el prelado quiera darles.
9. Hacer lo posible por entrar en las conferencias que se hagan para conservar la devoción que se ha recibido de Dios en los ejercicios.







