Vicente de Paúl, Documento 036: Testimonio De San Vicente Sobre Una Curación Milagrosa

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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[hacia el año 1628]

Place a la bondad de Dios realizar a veces milagros por medio de sus santos, para testimoniar su santidad. Referiré aquí uno, del que he sido testigo, que ocurrió en la persona de sor Clara María Amaury, religiosa de la Visitación de santa María, en el monasterio del barrio de Santiago, en París.

Hacía unos seis años que la mencionada religiosa se veía atormentada por una horrible tentación de odio contra Dios, contra el santísimo sacramento y contra todos los ejercicios de la santa religión, de forma que blasfemaba contra Dios y le maldecía tantas veces cuantas se le decía que lo alabase o escuchaba las alabanzas de las otras religiosas. Cuando estaba en el coro, se la oía proferir en voz suficientemente alta y clara blasfemias y maldiciones extrañas contra Dios. Cuando su superiora le quería obligar a hacer algún acto de ofrecimiento a Dios, ella le respondía que no tenía más dios que al diablo. En una palabra, sentía tanta cólera y rabia en su interior contra su divina Majestad que en varias ocasiones estuvo a punto de suicidarse, para ir más pronto al infierno, según decía ella misma, adonde deseaba ir para poder maldecir a Dios a sus anchas, ya que en eso consistían todas sus delicias.

Pues bien, después de que su reverenda madre superiora la hizo ver por algunos prelados, ciertos religiosos y otras personas entendidas en las cosas interiores, siguiendo sus consejos ordenó que la examinaran también los médicos, por orden de los cuales le hizo tomar gran cantidad de remedios. Pero todo fue inútil, por lo que finalmente aquella buena madre, llena de confianza en que, si le aplicaba un trozo de ropa del bienaventurado obispo de Ginebra, lograría curar, hizo efectivamente lo que pensaba. De allí se siguió en un instante la curación, pocos días más tarde, de forma que su espíritu, que hasta entonces se había visto tan perturbado, se tranquilizó de repente; su cuerpo, muy debilitado, recobró las energías; recuperó el apetito y el sueño, que había perdido por completo; y todo esto se hizo en un momento, de forma que desde entonces ha tenido el espíritu muy fuerte y bueno, e igualmente el cuerpo, como si no hubiera tenido ningún mal anteriormente y sin que quedara ningún rastro del mismo. Tal ha sido su situación que ha podido ejercer con bendición los principales cargos del monasterio y es en la actualidad maestra de novicias.

Lo que me hace creer que se trata de una curación milagrosa es que siguió a la aplicación del roquete del bienaventurado obispo de Ginebra y que los remedios humanos no habían servido de nada; que su mal aumentó después de la aplicación de aquel roquete, tal como sucede de ordinario en las curaciones milagrosas; que luego se curó en un instante, según la perfecta confianza de la madre superiora; y que ella misma cree, con la misma certeza que si lo viera u oyera por sí misma, que nuestro Señor le ha concedido esta gracia por los méritos de ese bienaventurado obispo y la aplicación de su roquete. Así lo atestiguo por haber hablado con dicha religiosa durante su enfermedad y después de su curación, y haber sabido los detalles por boca de la madre superiora y de la misma religiosa inmediatamente después de la curación, que tuvo lugar el mismo día que yo hacía la visita a dicho monasterio, por autoridad del ilustrísimo y reverendísimo señor arzobispo de Paris.

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