Vicente de Paúl, Documento 029: Esquema De Un Sermón De San Vicente Sobre La Próxima Visita Del Obispo

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CREDITS
Author: .
Estimated Reading Time:

Para anunciar la visita del señor obispo y exhortar al pueblo a prepararse debidamente y sacar provecho de ella.

Juan 12. Benedictus qui venit in nomine Domini.

Lucas 1. Benedictus Dominus Deus Israel, quia visitavit et fecit redemptionem.

Vamos a tratar tres puntos: 1º de la importancia que tiene el que os dispongáis a la visita del ilustrísimo y reverendísimo señor obispo, vuestro prelado; 2º Lo que se ha de practicar en dicha visita; 3º los medios para aprovecharse de ella.

La importancia se deduce.

1º De que la iglesia, inspirada y gobernada por el Espíritu santo, ordena que los obispos visiten sus pueblos de vez en cuando, y por consiguiente obliga a los pueblos a recibirles.

2º Debido a los grandes bienes que esto produce a la iglesia y al pueblo: a la iglesia, porque se ve si todas las cosas se encuentran en su debido estado y se hace lo posible por ordenar bien al pueblo; al pueblo, porque les proporciona grandes gracias y bendiciones, tal como veréis a continuación.

3º Porque posuit episcopos regere ecclesiam Dei. Si se organizan grandes recibimientos a los hombres que vienen a gobernar los cuerpos y los bienes de las provincias, ¡cuánto más habrá que hacerlos a los que vienen a gobernar las almas de las provincias!

4º  Porque él tiene que dar cuenta de todas vuestras almas, de forma que tendrá que padecer por las vuestras si, por su culpa, se pierden y van al infierno. Oboedite praepositis vestris qui invigilant super vos quasi rationem reddituri pro animabus vestris,

5º Porque el que recibe a su prelado recibe a Dios mismo. Qui vos recipit me recipit.

Segundo punto. Lo que se hace en la visita

1º El pueblo va a recibirlo en procesión. El señor párroco le da a besar la cruz, le presenta el hisopo para que tome agua bendita y le inciensa a continuación. Se entona luego el Tedeum hasta la iglesia y al entrar en ella se canta el responso del patrono. Se conduce al prelado hasta el altar, donde el párroco reza una oración apropiada. Luego el prelado da la bendición, visita el santísimo sacramento, la fuente bautismal, los santos óleos, los altares, ornamentos, y el cementerio, donde reza por los difuntos. A continuación manda hacer una exhortación e invita a los fieles a hacer un acto de contrición para que reciban la absolución general de los pecados veniales. Luego se informa de la vida de los eclesiásticos y de la del pueblo, da las oportunas órdenes según las quejas generales que se le hacen tanto por parte del pueblo como de los eclesiásticos, da la comunión y administra la confirmación por la tarde, y escucha completas, si tiene ocasión, etc.

Por todo esto podéis ver los bienes que se siguen, que son:

1º que pone a la casa de Dios en la situación en que debería estar;

2º que reconcilia al pueblo con Dios por medio de la santa confesión y comunión;

3º que reconcilia a los pueblos entre sí, etc;

4º ordena los oficios, los servicios y todo lo que se refiere al culto divino;

5º  os da a los vivos las indulgencias, y también a los difuntos per modum suffragii,

6º  os confirma y os hace verdaderos soldados de Jesucristo;

7º en una palabra, quita de una parroquia el mal en cuanto de él depende, y establece el bien.

Los medios de conseguir que cada uno se aproveche de esta visita.

1. Pedírselo a Dios. Digámosle todos de corazón: «Señor, concédenos la gracia de disponernos bien a ella, para aprovecharnos de la visita de nuestro prelado».

2. Activar la voluntad. Decidirse a hacer todo lo que se os aconseje y decirle a Dios: «Sí, Dios mío, estoy decidido a hacer todo lo que aconseje este predicador, precursor de mi prelado, lo mismo que fue san Juan de nuestro Señor, y hacer todo lo que él nos diga que tenemos que hacer para ello».

3. Hacer una confesión general de toda la vida pasada, o al menos de los pecados principales, para obtener el perdón general de todos vuestros pecados. Digo que de todos; y por estos motivos:

1º porque en esas confesiones generales tenemos la facultad de absolveros de todos vuestros pecados, a pesar de que estén reservados a los obispos:

2º porque puede ser que no hayan sido buenas vuestras confesiones anteriores, por no haber observado las cuatro condiciones que se requieren:

– no haber examinado vuestra conciencia;

– no haber tenido pesar de haber ofendido a Dios;

–  no haber dicho todas las cosas;

– no haber tenido propósito de no ofender jamás a Dios.

Pues bien, el remedio para ello es hacer una confesión general de toda la vida pasada.

Objeción: ¡Pero, padre! ¿Cómo es posible acordarme de todos mis pecados?

Respuesta: Poned solamente buena voluntad; los confesores os ayudarán.

3º. Luego será conveniente, como conclusión, referir alguna historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *