SOBRE LA PEREZA
La pereza compromete la salvación. La salvación depende de aceptar lo que nos cuesta. El demonio empieza por cegarnos.
Motivos. Pensar que quizás de esa acción que hemos de hacer depende nuestra reprobación o nuestra justificación, ya que hay cierta gracia justificante, a la que si respondemos, podemos estar seguros. A veces uno cree que ya ha hecho bastante; hay que recordar que los judíos le decían a nuestro Señor: Si Filius Dei es, descende de cruce; pero él no bajó. No se puede conocer el progreso de una persona ni en el tiempo de su conversión ni poco después, sino después de algún tiempo de tentación o de tribulación; tal como se porta en esa ocasión se portará luego.
Hay que tener energía. Os cansarán todos vuestros ejercicios; no os atreveréis a manifestárselo ni a tratar con vuestro director; de ahí, las amistades particulares; si os dicen una palabra, querréis contestar con dos; os sentiréis profundamente melancólicos; y del uso que hagamos de ese estado depende nuestra salvación.
Lo primero que hace el diablo es dejarnos ciegos, quitarnos los buenos sentimientos que tenemos, la confianza en Dios y en aquellos que él ha puesto a nuestro cuidado. Hay que rezar por los que veamos en este estado, para que cuando nosotros nos veamos en él podamos también, por sus oraciones, alcanzar de Dios la gracia de emplearlo debidamente, imitando en esto a nuestro Señor, qui passus est pro nobis, relinquens exemplum, ut, quemadmodum ille fecit, ita et nos faciamus, como cuando lloró sobre la ciudad de Jerusalén.







