CONDUCTA QUE HAY QUE OBSERVAR DE VIAJE
Seguir con los ejercicios de piedad, tener catecismo.
El padre Vicente me ordenó marchar con otro sacerdote de la compañía a una provincia lejana; el día antes de salir, por la tarde, nos tuvo a los dos bastante rato en su habitación, indicándonos lo que teníamos que hacer durante el viaje, que iba a ser de once a doce días, junto con el correo de Toulouse, que llevaba consigo a otras muchas personas de diversa condición.
Entre otras cosas nos recomendó especialmente cuatro: la primera, que no dejáramos nunca de hacer la oración mental, incluso a caballo, si no teníamos tiempo para hacerla en otra ocasión; la segunda, que celebráramos todos los días la santa misa si era posible; la tercera, que mortificásemos la vista por ei campo, pero sobre todo por las ciudades, y que guardásemos sobriedad en las comidas entre las personas del mundo; y la cuarta, que tuviésemos el catecismo con los sirvientes y con las criadas de las posadas, y sobre todo con los pobres.







