SOBRE LA ORACION
Aplicar las consideraciones a nuestro estado interior. La falta de progreso en la oración proviene de la falta de mortificación.
Algunos tienen bellos pensamientos y buenos sentimientos, pero no se los aplican a sí mismos ni piensan bastante en su estado interior; sin embargo, se ha recomendado muchas veces que, cuando Dios comunica algunas luces o algunos buenos movimientos en la oración, hay que ponerlos siempre al servicio de nuestras necesidades particulares; hay que considerar los propios defectos, confesarlos y reconocerlos delante de Dios, e incluso a veces acusarse delante de la comunidad para mayor humillación y confusión, y tomar el firme propósito de corregirse; entonces seguramente sacaremos algún provecho.
Mientras se repetía la oración, yo pensaba dentro de mí por qué motivo algunos logran muy pocos progresos en este santo ejercicio de la meditación. Temo que la causa de este mal consista en que no practican mucho la mortificación y les dan demasiada libertad a sus sentidos. Si leemos lo que los más hábiles maestros de la vida espiritual han dejado escrito sobre la oración, veremos que todos unánimemente han dicho que la práctica de la mortificación es absolutamente necesaria para hacer bien la oración y que, para disponerse bien a ella, no sólo hay que mortificar ]a lengua, los ojos, los oídos y los demás sentidos exteriores, sino también las facultades del alma, el entendimiento, la memoria y la voluntad; por este medio, la mortificación nos dispondrá a hacer bien la oración, y al revés, la oración ayudará a practicar bien la mortificación.







