«Rezaremos a Dios por la familia de cualquiera que sufra una pérdida, pues hemos de participar de los sentimientos que pueda tener nuestro hermano y cumplir este deber unos con otros».
A veces, cuando era necesario añadía: «Pido a los sacerdotes que no tengan obligaciones especiales que ofrezcan la misa por todos los de esa familia tan afligida; yo seré el primero en ofrecer a Dios de todo corazón esta misa que voy a celebrar; ruego nuestros hermanos que comulguen por esta misma intención».







