Las personas caritativas tendrán partes en la recompensa de los sacerdotes.
Ciertamente, no puede pensarse sin admiración en esas grandes limosnas que Dios ha inspirado que se hagan, y en el gran número de vestidos, ropa, sábanas, camisas, zapatos, etcétera, que han entregado para toda clase de personas, hombres, mujeres, niños y hasta para sacerdotes; y también en todas esas albas, casullas, misales, copones, cálices y otros ornamentos que han enviado para las iglesias devastadas, hasta tal punto que sin esa ayuda no hubieran podido celebrarse los santos misterios y demás ejercicios de la religión cristiana y los lugares sagrados no habrían servido más que para usos profanos. Era realmente un espectáculo que nos llenaba de edificación ver las casas de las damas de la caridad de París llenas de toda clase de bultos y convertidas en algo así como tiendas y almacenes de mayoristas. Esas damas tendrán sin duda en el cielo la corona de los sacerdotes, por el celo y la caridad que han tenido de vestir a Jesucristo en sus altares, en sus sacerdotes y en sus pobres miembros.







