SOBRE EL CELO (posterior a 1648)
Condiciones del celo: hay que estar dispuesto a perderlo todo y a dar la vida.
He aquí un hermoso campo que Dios nos abre, tanto en Madagascar como en las islas Hébridas y en otras partes. Pidamos a Dios que abrase nuestros corazones en el deseo de servirle; entreguémonos a él para hacer lo que le plazca. San Vicente Ferrer se animaba pensando que vendrían sacerdotes que, con el fervor de su celo, abrasarían toda la tierra (1). Si no merecemos que Dios nos conceda esa gracia de ser de esos sacerdotes, supliquémosle que al menos nos haga sus imágenes y precursores; pero, sea lo que sea, estemos ciertos De que no seremos verdaderos cristianos hasta que no estemos dispuestos a perderlo todo y a dar incluso nuestra vida por el amor y la gloria de Jesucristo, decididos con el santo apóstol a escoger antes los tormentos y la muerte que vernos separados de la caridad de este divino Salvador.







