SOBRE LA SENSUALIDAD
El amor de nuestro Señor, enemigo de la sensualidad.
La sensualidad se encuentra por todas partes, y no sólo cuando se busca el aprecio del mundo, las riquezas o los placeres, sino incluso en las devociones, en las acciones más santas, en los libros, en las estampas; en una palabra, se cuela por todas partes. ¡Salvador mío! Concédenos la gracia de vencernos a nosotros mismos; te pedimos que nos concedas odiarnos a nosotros mismos, para que te amemos con mayor perfección, a ti que eres la fuente de toda virtud y perfección y el enemigo mortal de la sensualidad; danos ese espíritu de mortificación y la gracia de resistir siempre a ese amor propio, que es la raíz de todas nuestras sensualidades.







