SOBRE EL ESPIRITU DE CONDESCENDENCIA
Condescender con la ignorancia y los pareceres contrarios de los demás. No condescender en cosas malas.
En una comunidad es menester que todos los que la componen y que son como sus miembros sean condescendientes unos con otros; con esta disposición, los sabios tienen que condescender con la debilidad de los ignorantes, en las cosas en que no hay error ni pecado; los prudentes y sabios deben condescender con los humildes y los sencillos: non alta sapientes, sed humilibus consentientes y con esta misma condescendencia, no sólo hemos de aprobar los pareceres de los demás en las cosas buenas e indiferentes, sino incluso preferirlos a los nuestros, creyendo que los demás tienen luces y cualidades naturales o sobrenaturales mayores y más excelentes que nosotros. Pero hemos de evitar mucho condescender con los otros en las cosas malas, pues esto no sería virtud, sino un gran defecto, que provendría o del libertinaje de espíritu, o de nuestra cobardía y pusilanimidad.







