SOBRE LA MANSEDUMBRE
La mansedumbre cristiana se distingue de la mansedumbre natural. Reproches que se dirige el padre Vicente.
Vemos a veces personas que parecen estar dotadas de una gran mansedumbre, pero que no es más que un efecto de su carácter moderado; pero no tienen la mansedumbre cristiana, que consiste propiamente en reprimir y apagar los brotes del vicio contrario. Uno no es casto por el hecho de no experimentar movimientos deshonestos, sino porque los resiste cuando los siente. Tenemos aquí un ejemplo de verdadera mansedumbre; lo digo porque no está presente esa persona, y porque todos podéis daros cuenta de su carácter seco y árido; es el padre… Seguro que no conocéis a dos personas tan duras y avinagradas como él y como yo: sin embargo, vemos cómo ese hombre se vence hasta el punto de que hay que decir que no es ya lo que era. ¿A qué se debe? A la virtud de la mansedumbre, en la que él se esfuerza, mientras yo, miserable de mí, sigo tan seco como un espino. Os pido, hermanos míos, que no os fijéis en los malos ejemplos que os doy, sino caminad dignamente, como dice el apóstol (1), y con toda mansedumbre y jovialidad en el estado al que os ha llamado Dios.







