SOBRE LA AMBICION
Mantenerse en tareas humildes. La condición más pequeña es la más segura.
Dios no nos ha enviado para tener cargos y tareas honorables, ni para obrar o hablar con pompa y con autoridad, sino para servir y evangelizar a los pobres, y realizar los demás ejercicios de nuestro instituto de una forma humilde, sencilla y familiar Por eso podemos aplicarnos lo que dice san Juan Crisóstomo en una de sus homilías, que, mientras sigamos siendo ovejas por una verdadera y sincera humildad, no sólo no nos devorarán los lobos, sino que incluso los convertiremos a ellos en ovejas; por el contrario, si nos salimos de esta humildad y sencillez que es propia de nuestro instituto, perderemos la gracia que le está vinculada y no conseguiremos ninguna en las acciones brillantes. Ciertamente, ¿es justo que un misionero, que por su humilde profesión se ha hecho digno de las bendiciones del cielo y de la aprobación y estima de los hombres, se vea privado de aquéllas y de éstas por dejarse llevar a unas obras en las que anda mezclado el espíritu del mundo, por el honor que allí se busca, y que son opuestas al espíritu de su vocación? ¿No hay motivos para temer que se vea lleno de confusión en el gran día y que se vea condenado, lo mismo que se dice aquel siervo que, al convertirse en amo, se hizo al mismo tiempo orgulloso e insoportable? El difunto señor cardenal de Bérulle, gran siervo de Dios, solía decir que era conveniente estar abajo, que la condición de los pequeños es la más segura, y que en las altas y elevadas hay un no sé qué de malicia y de peligro; que por eso los santos habían huido siempre de las dignidades y que nuestro Señor, para convencernos con su ejemplo, lo mismo que con su palabra, había dicho de sí mismo que había venido al mundo a servir, y no a ser servido.







