«Es una prueba de prudencia y de sabiduría, no sólo hablar bien y decir cosas buenas, sino también decirlas a propósito, de modo que sean bien recibidas y aprovechen a las personas con las que hablamos. Nuestro Señor nos dio ejemplo de ello en muchas ocasiones sobre todo cuando habló con la samaritana, tomando pie del agua que venía a buscar para hablarle de la gracia e inspirarle el deseo de una perfecta conversión».
Vicente de Paúl, Conferencia 180: Prudencia En Las Conversaciones







