SOBRE LA SENCILLEZ
La sencillez divina exige la sencillez humana.
Dios es infinitamente simple, es la misma simplicidad; por tanto, donde hay simplicidad y sencillez, allí está Dios. Como dice el sabio (1), el que camina con sencillez, camina seguro; por el contrario, los que recurren a cautelas y artimañas están en un miedo continuo de que descubran su artificio y que, al verse sorprendidos en su doblez, nadie quiera fiarse de ellos.







