Vicente de Paúl, Conferencia 152: Extracto De Una Conferencia

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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SOBRE LA OBRA DE LOS ORDENANDOS

Rezar por los ordenandos. Los que les exhortan deben ser modestos, humildes, piadosos. Han de pedirle a Dios que aparte de sus personas todo lo que pueda obstaculizar al espíritu de Dios. Enseñar una moral concreta.

Ya está cerca la ordenación; le pediremos a Dios que dé su espíritu a los que tengan que hablar a esos señores en las charlas y en los conferencias. Que cada uno intente sobre todo edificarles con su humildad y su modestia. Pues no se les ganará por ciencia ni por las cosas bonitas que se les digan; son más sabios que nosotros: muchos son bachilleres y algunos licenciados en teología, otros doctores en derecho, y hay pocos que no sepan la filosofía y parte de la teología; todos los días se ejercitan en la discusión. Casi nada de lo que se les diga aquí es nuevo para ellos; ya lo han leído u oído; ellos mismos dicen que no es esto lo que les impresiona, sino las virtudes que aquí ven practicar. Seamos humildes, hermanos míos, en una ocupación tan honorable, como es la de ayudar a que sean buenos sacerdotes; pues, ¿acaso hay algo más excelente? Seamos humildes pensando en nuestra ruindad, ya que somos pobres de ciencia, pobres de ingenio, pobres de condición (2). ¡Ay! ¿Cómo nos habrá escogido Dios para una cosa tan grande? Es que de ordinario se sirve de instrumentos más bajos para las obras extraordinarias de su gracia: como en los sacramentos, donde se sirve del agua y de la palabras para conferir sus gracias.

Recemos a Dios por estos señores; pero recemos también por nosotros, para que aparte todo lo que pueda ser causa de que ellos rechacen los efectos de la gracia de Dios, que él parece comunicar a la compañía para esta tarea. ¿Habéis ido alguna vez en peregrinación a algún lugar de devoción? Muchas veces, al entrar allí, se siente uno como fuera de sí, viéndose unos de pronto elevados hasta Dios, otros llenos de devoción, impresionados ante el respeto y reverencia que se palpa en aquel lugar sagrado, y otros con diversos sentimientos. ¿De dónde proviene todo esto? De que el espíritu de Dios está allí, haciéndose sentir de aquellas formas. Pues bien, hemos de pensar que ocurrirá lo mismo con esos señores, si reside aquí el espíritu de Dios.

Hay que conseguir que la moral les resulte familiar, y bajar siempre a los detalles, para que la entiendan y comprendan bien; hay que buscar siempre eso, que los oyentes pueden referir todo lo que han oído en la charla. Pongamos mucho cuidado para que el maldito espíritu de la vanidad no se apodere de nosotros, empeñándonos en hablarles de cosas altas y elevadas; esto no haría más que destruir, en vez de edificar. Pues bien, se quedarán con todo lo que se les ha dicho en la charla, si se les inculcan las ideas sencillamente, y si se les habla solamente de eso, y no de otras cosas, tal como conviene hacerlo por muchas razones.

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