Vicente de Paúl, Conferencia 080: Conferencia Del 27 De Octubre De 1656

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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SOBRE LAS SALIDAS A LA CIUDAD

Razones para portarse bien por la ciudad. Las faltas y sus remedios.

La conferencia era sobre las razones que tiene la compañía de portarse bien cuando vaya a la ciudad; en el segundo punto, cuáles son las faltas que pueden cometerse; y en el tercer punto, los remedios a esas faltas.

El padre Vicente recomendó mucho a la compañía que se portase con la mayor modestia que pudiera, para no escandalizar a nadie; que no llevasen el manteo de una manera garbosa, en contra de la modestia eclesiástica. Dijo que los sacerdotes de la conferencia de los martes habían tenido una conferencia sobre este tema y que, desde entonces, no había oído decir de nadie que llevase el manteo en contra de la decencia y la modestia del verdadero eclesiástico. Que no hay que escoger al compañero, ni pedir a uno o a otro, sino contentarse con quien mande el superior; y que, para ello, renovaba el buen propósito que había hecho de no conceder nunca al que tuviera que ir a la ciudad el compañero que éste le pidiera.

Y dirigiéndose a los encargados, los padres Alméras y Admirault, les dijo estas palabras:

A ustedes les ruego que no concedan nunca a los que tengan que ir a la ciudad la persona que ellos pidan como compañero; porque, fijaos, esto tiene mucha importancia, ya que nunca lo hacen sin alguna finalidad. De hecho tenemos esa experiencia con algunas personas que están en la compañía y de lo que se ha seguido de ello. Me acuerdo, entre otros, de uno que siempre pedía por compañero a una persona determinada; ¿sabéis por qué? Para ir a una taberna. Era natural que esas personas no duraran mucho tiempo. O se trata quizás de ir a esta u otra casa, adonde no quieren que el superior sepa que han ido, y esto va contra la regla, que dice, etc.

Añadió que, en los asuntos que haya que consultar o tratar, es preciso portarse con mucha discreción y modestia: si es con un magistrado, mirar en él a la justicia de Dios; si con el rey, si estamos en condición para ello, considerar en él la majestad de Dios; y del mismo modo mirar la condición de las personas con quienes tratemos y prever la forma como hemos de portarnos, de tratar nuestros asuntos con ellos, de hablarles; y así en todo lo demás.

A continuación, el padre Vicente pidió perdón a la compañía por haberse portado tan mal en esto y haber dejado de hacer mucho bien, que se habría hecho si se hubiese portado debidamente y hubiera obrado como podía y debía hacerlo; por otra parte, que habría evitado mucho mal si no hubiera cometido ese escándalo. Y se puso de rodillas.

Dijo también que había que ir a saludar a nuestro Señor, al salir de casa y al volver de fuera.

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