Vicente de Paúl, Conferencia 076: Conferencia Del 6 De Agosto [De 1656]

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CREDITS
Author: .
Estimated Reading Time:

SOBRE EL ESPIRITU DE COMPASION Y DE MISERICORDIA

Dios da el espíritu de compasión. Los misioneros de Polonia la han ejercitado durante la guerra.

Cuando vayamos a ver a los pobres, hemos de entrar en sus. sentimientos para sufrir con ellos y ponernos en las disposiciones de aquel gran apóstol que decía: Omnibus omnia factus sum, me he hecho todo para todos; de forma que no recaiga sobre nosotros la queja que antaño hizo nuestro Señor por boca de un profeta; Sustinui qui simul mecum contristaretur, et non fuit, esperé a ver si alguien se compadecía de mis sufrimientos, y no hubo nadie. Para ello es preciso que sepamos enternecer nuestros corazones y hacerlos capaces de sentir los sufrimientos y las miserias del prójimo, pidiendo a Dios que nos dé el verdadero espíritu de misericordia, que es el espíritu propio de Dios: pues, como dice la iglesia, es propio de Dios conceder su misericordia y dar este espiritu. Pidámosle, pues, a Dios, hermanos míos, que nos dé este espíritu de compasión y de misericordia, que nos llene de él, que nos lo conserve, de forma que quienes vean a un misionero puedan decir: «He aquí un hombre lleno de misericordia». Pensemos un poco en la necesidad que tenemos de misericordia, nosotros que debemos ejercitarla con los demás y llevar esa misericordia a toda clase de lugares, sufriéndolo todo por misericordia.

¡Dichosos nuestros hermanos que están en Polonia y que han sufrido tanto durante estas últimas guerras y durante la peste, y que todavía están sufriendo por ejercitar la misericordia corporal y espiritual y por aliviar, asistir y consolar a los pobres! ¡Felices misioneros, a ]os que ni los cañones, ni el fuego, ni las armas, ni la peste han hecho salir de Varsovia, donde los retiene la miseria de los demás; que han perseverado y todavía perseveran animosamente, en medio de tantos peligros y sufrimientos, por misericordia con los demás! ¡Qué felices son por emplear tan bien este momento de tiempo que es nuestra vida en la misericordia! Sí, este momento, porque nuestra vida no es más que un momento, que vuela y desaparece enseguida. ¡Ay! Mis setenta y seis años de vida no me parecen ahora más que un sueño y un momento; y nada me queda de ellos, sino la pena de haber empleado tan mal esos instantes. Pensemos en el pesar que tendremos a la hora de nuestra muerte, si no utilizamos estos momentos de nuestra vida en ser misericordiosos.

Así pues, tengamos misericordia, hermanos míos, y ejercitemos con todos nuestra compasión, de forma que nunca encontremos un pobre sin consolarlo, si podemos, ni a un hombre ignorante sin enseñarle en pocas palabras las cosas que necesita creer y hacer para su salvación. ¡Oh Salvador, no permitas que abusemos de nuestra vocación ni quites de esta compañía el espíritu de misericordia! ¿Qué seria de nosotros, si nos retirases tu misericordia? Así pues, concédenos ese espíritu, junto con el espíritu de mansedumbre y de humildad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *