Vicente de Paúl, Conferencia 063: Repetición De La Oración Del 12 De Septiembre De 1655

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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NOTICIAS DE LAS MISIONES DE POLONIA Y DE BERBERIA

El padre Vicente pide oraciones por Polonia. Alaba a los misioneros que trabajan en Berbería.

Hablando sobre las desgracias y las guerras de Polonia, el padre Vicente dijo que el cuerpo de la compañía padecía en alguno de sus miembros, aludiendo a los misioneros de Polonia, de los que creía que habían recibido órdenes de salir de Varsovia para evitar la furia del ejército sueco, que había tomado a Poznan y había matado al vicario del obispo y a otros varios sacerdotes; Dios tiene sus razones por las que permite que las cosas vayan así y, si nos diera a conocer el motivo de su actuación, diríamos que hace bien y que tiene razón al obrar así. Una de las primeras cosas que Dios hará ver a los hombres cuando lleguen al cielo, cuando su divina Majestad les conceda esa gracia será descubrirles las razones de por qué actuó así en la tierra porque, fijaos, Dios hace todas las cosas por un buen fin y con toda justicia; por eso hemos de conformarnos totalmente con sus deseos y adorar su conducta siempre admirable, aunque muchas veces desconcertante para los hombres, y que sólo la comprenderán en el cielo.

Hay además otro motivo de sufrimiento, aunque por algo diferente. El padre Le Vacher, de Túnez, me dice que el bey, que es el monarca de aquel país, le mandó decir que se había enterado de que disuadía con unas mañas maravillosas a los cristianos que querían hacerse turcos, para que no lo hicieran, y que por eso se marchara de aquella ciudad. El padre Le Vacher obedeció y se marchó a Bizerta, acompañado de un guardia y de su intérprete; al llegar allí, se encontró con dos barcos de pobres cristianos, a quienes exhortó a confesarse, y para ello obtuvo del comandante que les quitase las cadenas, y así se lo concedió.

Entonces el padre Vicente, lanzando una exclamación, dijo:

¿Quién sabe, pues, si no habrá sido un designio de Dios permitir que le haya ocurrido esta desgracia al buen padre Le Vacher para que pudiera asistir y ayudar a esos pobres cristianos a ponerse en buen estado?

Después, dijo, el señor Husson, que es el cónsul, fue a ver al bey para rogarle que permitiese volver al padre Le Vacher, indicándole que sólo se ocupaba de los pobres cristianos, sin mezclarse para nada en la religión de los turcos, etc.; así se lo concedió, enviando órdenes al gobernador de Bizerta para que no dejase embarcar para Francia al padre Le Vacher, si así lo intentaba, sino que le dejara volver a Túnez dentro de un mes, como si no hubiera pasado nada y evitando que se hablara de ello: es que el bey temía que le tachasen de hombre ligero por haber desterrado a un hombre por una cosa así y que, si él se pasaba a la cristiandad, haría maltratar a los turcos que estuvieran allí detenidos.

Estas fueron las razones que dicen que tuvo para permitir volver a Túnez al padre Le Vacher. Pues bien, os diré que dicho padre, mientras estaba en Bizerta, me escribió diciendo que esperaba mis órdenes para volver a Francia o para ir a Argel. Un corazón cobarde y amigo de su comodidad habría encontrado en ello una ocasión para volverse a Francia; pero él está dispuesto a irse a Argel, donde todavía hay más trabajo que en Túnez. Así es, padres, como están hechos los verdaderos siervos de Dios, animados de su espíritu.

Realmente si, por un lado, Dios permite que uno se aparte de su vocación, por otro lado hay motivos de consuelo al ver tan buenos sujetos en la compañía.

El padre Le Vacher, de Argel, su hermano, ¿qué es lo que hace? Un hombre que es todo fuego, que se expone hasta el punto de que, si se hubiera sabido lo que hizo, habría perdido cien vidas que hubiera tenido. Es realmente como el fuego. Por ejemplo, lo que realizó con un religioso que se había hecho turco, hasta conseguir que renunciara a esa maldita ley. Si lo hubieran sabido, seguramente lo hubieran quemado vivo. Eso es lo que hacen en aquel país. En fin, es un hombre que trabaja continuamente. Os diré también que la Pascua pasada, al ver que sólo tenía ocho días para asistir a aquella pobre gente y que no podría hacer muchas cosas en tan poco tiempo, a no ser trabajando de una manera extraordinaria, se encerró con ellos en sus baños y pasó aquellos ocho días trabajando de día y de noche, descansando sólo un poco, y exponiendo así su vida por asistir a su prójimo.

¿No es hermoso todo esto? ¿Qué os parece? ¿No tenemos motivos para bendecir a Dios por haber dado a la compañía hombres como estos, que son sus fieles servidores? Le pido a Dios con todo mi corazón que dé a la compañía el espíritu de sufrimiento, para que se alegre de padecer por amor a nuestro Señor. Pidámoselo a Dios, padres. Y vosotros, queridos hermanos míos, pedid a su divina Majestad que conceda a ]a compañía este mismo espíritu.

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