Vicente de Paúl, Conferencia 061: Repetición De La Oración Del 25 De Agosto De 1655

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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En la oración conviene atender detalladamente a nuestros defectos. Elogio de la virtud de san Luis. Graves peligros que amenazan a Polonia.

El padre Vicente alabó a un sacerdote y a dos clérigos seminaristas por haber bajado a concretar sus defectos, en su oración, y le pidió al padre Delespiney, director del seminario, que los mantuviese siempre en esa práctica, ya que de esta forma, según dijo, es como debe hacerse la oración, mientras que obrar de otro modo no es una verdadera oración. ¿No es admirable eso que acabamos de oír de aquel gran santo rey de Francia, san Luis, de quien refiere el autor de esta meditación que tenía sujetas a sus pies todas sus pasiones, para hacerlas sumisas y obedientes a la razón? Por eso san Luis ha sido el rey más generoso que hemos tenido en Francia, tal como lo demostró dejando su reino para ir a conquistar la Tierra santa, reduciendo a la razón al conde de la Marca. Este conde no quiso rendir a san Luis la obediencia que le debía y ensoberbeció su corazón, al verse asistido por el rey de Inglaterra, cuñado suyo, que le protegía; san Luis peleó contra él y le obligó a entrar en razón, junto con el rey de Inglaterra; ciertamente los metió en razón a los dos.

¿Y qué es lo que no hizo este gran santo y generoso rey de la guerra contra los albigenses? Se había sublevado el conde de Tolosa y las regiones de Languedoc, Gascuña, gran parte de la Guyena y la Provenza, con ocasión de una herejía que se había desparramado en poco tiempo por todas esas provincias. San Luis envió allá predicadores; acudió santo Domingo y esos doctores que sabéis y de los que se decía en la meditación que consiguieron frutos maravillosos, y luego fue él mismo con su ejército para someter a todas esas provincias que se habían rebelado; todo ello con una decisión y una generosidad admirable. Metió en vereda al conde y a todos sus aliados, le obligó a entrar en razón y cumplir con su deber, a pesar de todas las grandes fuerzas que tenía.

Pues bien, hermanos míos, todo esto nos hace ver cómo la humildad no está en contra de la generosidad y que es una locura y un error defender lo contrario: que un hombre, por ser humilde, no tiene ya que ser generoso; es una equivocación de algunos, pues vemos cómo san Luis fue al mismo tiempo muy humilde y muy generoso. Hace algún tiempo tuve el honor de encontrarme con un señor distinguido y hablando de las leyes del Estado y cómo procedían del tiempo de san Luis, me dijo: «Padre, ¿cree usted que fue generoso san Luis al dejar y abandonar su reino para ir a una tierra extraña, donde sabe usted lo que pasó? «Desde luego, señor; ¿es que san Luis hizo ver su generosidad solamente fuera de su reino? ¿No venció a los albigenses? ¿Y no demostró también mucha valentía al reducir al conde de la Marca, hermano del rey de Inglaterra, a su deber y obligación, así como al conde de Tolosa?». «Desde luego, padre, me dijo; tiene usted razón».

Bien, ¡bendito sea Dios! En los archivos del Hôtel-Dieu de París, adonde este buen rey iba dos o tres veces por semana a servir a los pobres, lo mismo que sabéis hacen actualmente las damas de la Caridad, consta que este santo rey tenía la costumbre de pedir que le indicasen cuáles eran los que tenían enfermedades peores y más repugnantes. Un día, al enseñarle a uno cuyo mal exhalaba tan mal olor que casi no podía él soportarse a sí mismo, nos dice la historia que san Luis dejó su manto y se acercó a aquel pobre para asistirlo, a pesar de que aquel enfermo rogaba y conjuraba al rey que no se ]e acercase, debido al hedor insoportable de su cuerpo, ya que él mismo no podía resistirlo; los que formaban el séquito de su majestad no pudieron acercarse, y todos se tapaban la nariz o se retiraban de aquel lugar; y el rey respondió a aquel pobre hombre: «Bien, amigo mío, espero que nuestro Señor cambiará toda esa pestilencia en olores tan buenos, que dará gusto servirle». Realmente, padres, ¿no les parece esto muy hermoso? Pidamos a Dios, hermanos míos, que nos haga participar del espíritu de san Luis, ese gran rey que amaba tanto a los pobres y que tenía un espíritu tan mortificado. ¡Bendito sea Dios!

Supe ayer que Polonia se encuentra en muy grave peligro, debido a todos los enemigos que pelean contra ella. Resulta que el rey de Suecia ha atacado a ese reino por aquella parte, que se ha rebelado el palatino de Poznan y se ha juntado con el rey de Suecia, y que otro príncipe palatino ha hecho lo mismo. El: señor Léveque, un seglar agente de los asuntos de Polonia, que vino ayer a verme, me ha dado estas noticias; así que ya veis el estado tan lamentable a que se ha visto reducido ese pobre reino y cuánta necesidad tenemos de interesarnos delante de Dios para pedirle que quiera su divina Majestad proteger al rey, a la reina y a su reino. ¡Un rey tan bueno y una reina tan buena y tan piadosa! Pero Dios los prueba y se encuentran en la situación que acabo de indicaros: los moscovitas por un lado, los cosacos por otro; y todos ellos griegos, luteranos y cismáticos. Ved a qué quedará reducido ese pobre reino, si Dios no pone la mano. Me han dicho que en algunas ciudades que tomaron al principio, han obligado incluso a los religiosos y religiosas a abrazar su religión, a observar sus ceremonias, a que vuelvan a bautizarse. Por eso pido a la compañía que se interese por ese pobre reino, tanto más cuanto que se trata de la gloria de Dios y de la religión católica, que probablemente sería abolida; por el rey, que ha tenido con nosotros tanta consideración y estaba a punto de hacer una nueva fundación de la compañía en Varsovia. Realmente, padres, cuando me han dado estas noticias, he quedado tan afligido que no sé si alguna vez he sentido tanto alguna cosa; y en este mismo momento, siento una especie de dolor muy sensible, etc.

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