Vicente de Paúl, Conferencia 044: Repetición De La Oración Del 13 De Junio De 1655

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Desgracias de Polonia. Celo de los misioneros de Berbería; una conversión obtenida por ellos. Advertencias dadas a un hermano.

Encomiendo a las oraciones de la compañía el reino de Polonia, que está muy alborotado por culpa de un gran número de enemigos que lo están atacando. Es de la gloria de Dios que recemos por él, ya que son los enemigos de la Iglesia los que lo atacan. Pido a los sacerdotes que, si pueden, celebren hoy por esta intención; y a los hermanos, que comulguen. Además de esta razón que acabo de indicar, estamos obligados a ello porque nos han llamado de aquel reino para trabajar allí y establecernos en aquel país.

Además os encomiendo a nuestro pobre y bienaventurado prisionero, el padre Le Blanc y a los demás misioneros que están en las Hébridas, a los de las Indias, Berbería, a nuestros pobres misioneros de Berbería, que trabajan con tanta bendición de Dios. Ciertamente, muy buen ejemplo es el que dan a aquellos pobres esclavos a quienes atienden, pues algunos desean entrar a nuestra casa; si les sirvieran de escándalo, seguro que aquellas buenas gentes no se animarían, como vemos, a venir a hacerse misioneros.

Os voy a hablar de una conversión, muy digna de admiración. Hace poco que un calvinista esclavo se ha convertido al catolicismo. Los hugonotes de Inglaterra envían de vez en cuando dinero a aquel país para rescatar a los de su partido. Pues bien, un enviado, dirigiéndose a aquel esclavo, le preguntó si quería que lo rescatase. Dicho esclavo respondió que prefería seguir siendo esclavo toda su vida y permanecer católico, que renunciar a ello para obtener la libertad; y se negó a ser rescatado.

Es una conversión maravillosa. Realmente, padres, tengo muchos motivos para temer que ese hombre sea mi juez el día del juicio.

Luego, llamando a un hermano coadjutor a quien tenía que hacer una advertencia, le dijo:

Hermano, póngase de rodillas.

Y en presencia de toda la compañía, le dijo:

Hermano, tengo la obligación de amonestarle aquí por las faltas que comete y de las que no se corrige, a pesar de las advertencias que en particular se le han hecho, y en virtud de la obediencia.

Entonces expuso en voz alta las faltas de aquel hermano, que eran muy grandes y que no quiero referir aquí. Solamente diré que el padre Vicente lo trató con palabras muy mansas y que demostraban un espíritu lleno de caridad y de compasión, aunque acompañado de firmeza, prohibiéndole a dicho hermano que se acercase a comulgar hasta que él se lo dijera, y pidiéndole a los sacerdotes que no lo admitiesen, si se presentaba a ellos. Y añadió:

Y para que se acuerde usted, mi pobre hermano, no beba vino durante ocho días, y le ruego a nuestros hermanos despenseros que se encarguen de ello, para que, si él se pone en un sitio donde haya un cuartillo, se lo quiten. ¡Váyase, hermano!

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