Vicente de Paúl, Conferencia 043: Conferencia Del 11 De Junio De 1655

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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SOBRE LA SOBERBIA

El padre Vicente pide que todos los meses se medite sobre este tema; propone el ejemplo de nuestro Señor. Hay que referir a Dios el aprecio que los demás tengan de nosotros.

El padre Vicente le pidió al padre Alméras, su asistente, que se encargase en serio de que todos los meses se propusiera este tema de meditación, así como también el de la envidia y la pereza, porque decía , lo mismo que el agua va socavando y horadando la piedra, incluso el mármol, a fuerza de caer gota a gota sobre él, también hay motivos para esperar que, meditando con frecuencia en estos temas, la gracia de Dios nos toque y nos mueva a librarnos de estos malos vicios y a adquirir la humildad, que es la virtud contraria. Algunas veces me fijo en la piedra sobre la que cae el agua en nuestra sacristía; a pesar de su dureza y de que sólo cae gota a gota, no deja de horadarla. Por eso podemos esperar también que estos temas, meditados y vueltos a meditar varias veces, se imprimirán finalmente en nuestros corazones con la gracia de Dios, a pesar de que seamos más duros que las piedras. ¡Ay, padres y hermanos míos! Decidme, por favor, qué es lo que vino a hacer el Hijo de Dios al mundo y qué es lo que quiso parecer, una vez en él: ¡un hombre humilde!

Y refirió aquel pasaje de David: «Fue como una bestia de carga, etc.» (1). Fijaos en los mulos: ¿se sienten orgullosos por estar bien enjaezados, por llevar oro y plata, por ir adornados de hermosas plumas? También nosotros, si nos alaban, si nos estiman, por haber hecho quizás alguna acción brillante a los ojos del mundo, riámonos de todo eso y no lo tengamos en cuenta. ¿Somos acaso nosotros? ¿No es Dios el que lo hace? ¿No se le debe a él toda la gloria? ¡Salvador mío, danos la humildad, la santa humildad, te lo ruego! Fijaos, hermanos míos, si hay alguien en el mundo que ha de temer la vanidad, son los misioneros, por razón de sus ocupaciones; si hay alguien en el mundo que tenga que combatir este vicio, son los misioneros. La humildad es una de las partes integrantes del espíritu de la compañía de la Misión; de forma que, si dicen que somos ignorantes, animales, personas sin inteligencia, sin gobierno, hay que sufrir todo esto con paciencia; y no sólo con paciencia, sino incluso con satisfacción de que nos consideren de ese modo.

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