Repetición de la oración del 23 de mayo de 1655
Razones para honrar de manera especialísima el misterio de la santísima Trinidad. Necesidad de instruir a los pobres en este misterio. Al final, noticias sobre un misionero enfermo.
Además de la obligación que tenemos como cristianos de honrar esta fiesta, tenemos nosotros un motivo especial, ya que un papa, en las bulas de aprobación de la compañía, nos ha dado como patrono a la santísima Trinidad. Esto nos tiene que animar mucho a todos, en la medida de nuestras posibilidades, a celebrar con gran devoción esta fiesta, así como también aficionarnos mucho a no dejar pasar ni una sola ocasión de enseñar este misterio. Reconozco que nos hemos descuidado un poco en esto, y que poníamos más interés al principio que ahora con el progreso de la compañía. Sin embargo, fijaos, algunos doctores sostienen que los que no sepan este misterio y el de la encarnación están en estado de condenación; incluso san Agustín y santo Tomás enseñan que el conocimiento de estos misterios es un medio de necesidad para la salvación. Pues bien, si es así, juzgad, padres y hermanos míos, cuánta importancia tiene que enseñemos estos misterios a quienes los ignoran.
1.° Estamos obligados a ello como cristianos, pues todo cristiano tiene que instruir a los otros en las cosas necesarias para la salvación, cuando sabe que éstos las ignoran.
2.° Estamos obligados a ello como sacerdotes, los que lo son.
3.° Como misioneros.
Y aunque vosotros, hermanos, no seáis sacerdotes ni hayáis estudiado, no estáis sin embargo libres de esta obligación; y debéis, cuando os encontréis con algún pobre, enseñarle este misterio, si no lo sabe, e incluso a un número pequeño, y hasta grande. Vemos cómo, si falta un sacerdote, un laico puede bautizar a un niño; y la iglesia misma se lo permite a las mujeres, cuando falta un hombre. En fin, hemos de procurar enseñar a todo el mundo este misterio. ¡Ay! ¡Cuántas buenas almas hay que no hablan nunca a un pobre, sin catequizarlo, incluso laicos y del otro sexo! ¡Hasta hay algunos que van a las aldeas a instruir a esas pobres gentes y me han pedido que, cuando se encuentren con algunos deseosos de hacer una confesión general, acepte que nos los envíen a nosotros!
Nuestras pobres hermanas de la caridad hacen esto con mucha gracia y bendición en las aldeas en que están. Una señora me dijo, estos últimos días, que me rogaba le enviase una Hija de la Caridad, especialmente para instruir a los pobres en este misterio, necesario para la salvación, dando algunas clases. ya que la mayor parte de esas pobres gentes no van a las predicaciones, ni a los catecismos, y así ignoran ordinariamente este misterio. Vean, padres, todo esto. Así es como Dios obra cuando los que deben enseñar no enseñan: los sustituye por otros, para que lo hagan, incluso de sexo diferente. Cuando voy por esas parroquias de París visitando a la Caridad, les pregunto muchas veces a esas buenas damas: «Bien, señoras, ¿cómo se portan nuestras hermanas de la Caridad?». Y ellas me responden: «Padre, por la gracia de Dios, lo hacen muy bien; todos los pobres quedan instruidos en las cosas necesarias para la salvación, gracias a Dios». Bien; ¡sea Dios alabado y glorificado por siempre!
Así pues, desearía: 1.° que todos tengamos mucha devoción a esta fiesta y deseemos enseñar este misterio; 2.° que tomemos la resolución de no encontrarnos nunca con un pobre, sin enseñarle las cosas necesarias para su salvación, si creemos que no las sabe; 3.° que pidamos perdón a Dios por la negligencia que hemos tenido en observar esto hasta el presente, y que nos humillemos mucho por ello delante de Dios.
Tengo noticias de que el buen padre Lebas se encuentra mejor, gracias a Dios, y fuera de peligro. Ha recaído tres veces, y la última vez creyeron que no volvería a recuperarse. Ruego a la compañía que dé gracias a Dios por haber conservado a este su servidor, que es muy buena persona y muy virtuoso. No lo hemos visto por aquí, ya que apenas terminar su seminario en Richelieu fue enviado a Agde, donde ha dado muy buenos ejemplos. Por todo ello daremos gracias a Dios, así como también de que esté mejor el padre de Martinis, que ha estado enfermo en Roma, aunque sigue con peligro de recaer, según dicen los médicos, si no le cambiamos de aires.







