Dios mide sus gracias por las necesidades de cada uno. Lectura diaria de un capítulo del Nuevo Testamento.
Dios nos concede sus gracias según las necesidades que de ellas tenemos. Dios es una fuente de la que cada uno saca el agua según sus necesidades. Como una persona que necesita seis cubos de agua, saca seis; si necesita tres, tres; un pájaro que sólo necesita un sorbo, no hace más que sorber; un peregrino en el hueco de su mano saca para saciar su sed: lo mismo pasa con nosotros cuando acudimos a Dios.
Hemos de tener mucho interés en ser fieles a la lectura del capítulo del Nuevo Testamento, haciendo al comenzar los actos: 1.° de adoración, adorando la palabra de Dios y su verdad; 2.° entrar en los sentimientos con que las pronunció nuestro Señor y aceptar esas verdades; 3.° resolverse a la práctica de esas mismas verdades. Por ejemplo, cuando lea: «Bienaventurados los pobres de espíritu» me resolveré y me entregaré a Dios para practicar esa verdad en tal y tal ocasión. Lo mismo cuando lea: «Bienaventurados los mansos», me entregaré a Dios para practicar la mansedumbre. Sobre todo hay que evitar leerlo por estudio, diciendo: «Este trozo me servirá para tal predicación», sino leerlo sólo para nuestro provecho espiritual. No hay que desanimarse si, después de haberlo leído varias veces durante un mes, dos meses, seis meses, no se siente uno tocado. Llegará alguna ocasión en que tengamos una pequeña luz, otro día tendremos otra mayor, y otra todavía mayor cuando la necesitemos. Una sola palabra es capaz de convertirnos: sólo basta una, como sólo una le bastó a san Antonio.







