Señor obispo:
Sentiría mucho que el padre Grimal, sacerdote de nuestra compañía, fuera a presentarle sus respetos y a ofrecerle los pequeños servicios de nuestra congregación junto con los suyos, si yo mismo no hiciera también eso por la presente y si, en cuanto de mí depende, no le renovase a usted el ofrecimiento de mi obediencia, tal como lo hago con toda la humildad y el afecto que me es posible. Le suplico, señor obispo, que lo acepte junto con la confianza que me tomo de decirle que el señor Pasquier nos está urgiendo para llevar a cabo la fundación que ha hecho, pidiéndonos obreros para que vayan a vivir en su casas, que sirvan en su capilla y trabajen en las misiones. Y como ha sido usted, señor obispo, el que lo ha inducido a que nos prefiera a los demás, y como no podemos ni queremos seguir adelante más allá de lo que a usted le plazca…







