Vicente de Paúl, Carta 1292: A Filiberto De Brandon, Obispo De Périgueux

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl · Year of first publication: 1976 · Source: San Vicente de Paúl. Obras completas. Tomo IV. Correspondencia 4. Abril 1650 - Julio 1653. Trad. de A. Ortiz sobre la edición crítica de P. Coste. Salamanca : Sígueme, 1976. 610 p. ; 22 cm..
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20 de julio de 1650

Le agradezco muy humildemente, señor obispo, los medios que desea darnos usted para que podamos hacer a Dios algún pequeño servicio; pero le suplico con todo respeto que acepte mi observación de que no basta con dos obreros para una fundación que esté en conformidad con sus deseos y con nuestro instituto. Usted tiene ante la vista el seminario, mientras que nosotros sentimos la obligación de las misiones; nuestro fin principal es la instrucción del pueblo del campo, mientras que el servicio que le hacemos al estado eclesiástico es algo accesorio. Sabemos por experiencia que los frutos de las misiones son muy grandes, ya que las necesidades de las pobres gentes campesinas son extremas; pero, como sus espíritus son rudos y mal cultivados de ordinario, fácilmente se olvidan de los conocimientos que se les han dado y de las buenas resoluciones que han tomado, si no tienen buenos pastores que los mantengan en la buena situación en que se les ha puesto. Por eso procuramos también contribuir a la formación de buenos eclesiásticos por medio de los ejercicios de los ordenandos y de los seminarios, no ya para abandonar las misiones, sino para conservar los frutos que se consiguen por ellas. Así pues, señor obispo, es de desear, puesto que quiere usted tener misioneros, que tenga usted por lo menos cuatro para esas dos funciones, tanto por la pena que sentirían al tener que dejar la primera, que es la de las misiones y que es de suma utilidad, según he dicho, incluso para las parroquias mejor cultivadas, como por la ocasión que habrá entonces de llevar allá a los seminaristas más adelantados, y para hacer que practiquen las instrucciones que hayan recibido en el seminario, y finalmente para que aprendan mejor las funciones curiales y eclesiásticas, viéndolas practicar a los nuestros cuando evangelizan a los pobres.

Si me dice usted que en Cahors no hacemos otra cosa más que llevar el seminario, le confesaré que es cierto; pero también es verdad que, como el señor obispo de Cahors se ha reservado las misiones para que las hagan los canónigos regulares de Chancelade que él ha fundado en su ciudad, no puse entonces atención en las consecuencias ni en la pena que sentirán a veces nuestros padres por no dedicarse de vez en cuando a su trabajo principal; pero esa pena es tan grande que es el motivo mayor y más ordinario de tentación que tienen en contra de su vocación. Además, es ésa también la única de nuestras casas que ha quedado reducida solamente al seminario; todas las demás, gracias a Dios, trabajan también en las misiones.

La dificultad está en el mantenimiento de esos cuatro obreros. Sé muy bien, señor obispo, que su diócesis no tiene muchas rentas, que está cargada con una gruesa pensión, que hace usted por otra parte muchas limosnas y que no es razonable que la bolsa de sus señores parientes siga contribuyendo a los gastos de una diócesis a la que ya da usted mismo demasiado, al darle más de lo que usted tiene, entregándose a ella personalmente de la manera con que lo hace. Por tanto, le suplico que no tenga en cuenta mi propuesta mientras que la cosa no sea hacedera. El señor…, de su diócesis, en donde tiene un priorato, nos lo ofreció hace tiempo para que fundáramos allí; quizás todavía se encuentre en disposición de ponerlo en sus manos.

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