París, 15 de julio de 1650
Señor cardenal:
Recibí la carta con que Su Eminencia ha querido honrarme, con el respeto que le debo a uno de los mayores y más santos príncipes de la iglesia y con un deseo vehemente de que quiera Dios hacer digna a nuestra pequeña compañía, y a mí particularmente, de servir a Su Eminencia. Ya sabe la divina bondad, señor cardenal, que nuestro gozo no sería menor que nuestra felicidad si tuviéramos ocasiones para hacerlo así; le suplico con toda humildad que nos las proporcione y que acepte las acciones de gracias que debemos a Su Eminencia. Lo ha hecho así Su Eminencia. más por un exceso de bondad que porque le haya dado algún motivo de satisfacción nuestra pequeña compañía, que por consiguiente no merece en lo más mínimo los gestos de gratitud que Su Eminencia ha tenido con el]a. Me tomo sin embargo la confianza, señor cardenal, de suplicar humildemente a Su Eminencia que nos mire como a pequeñas criaturas suyas, que nos honre con su protección y que permita que se declare la compañía, y yo particularmente, muy humilde, muy obligado y muy obediente servidor de Su Eminencia.







