15 de julio de 1650
Soy de su opinión en el caso de…; no creo que salga nunca del estado en que está; al contrario, tengo miedo de que haga mucho daño a esa casa; y no solamente lo temo, sino que ya lo experimentamos y le confieso que tanto… como él y algunos otros le han perjudicado mucho. Uno está ya fuera, después de que lo soportamos todo lo que nos fue posible; y sería conveniente que los demás estuviesen también lejos; sería cometer una injusticia contra la compañía dejar de cortar los miembros engangrenados. Esto es verdad y la prudencia lo exige. Pero, como hay que dar lugar a todas las virtudes, ejerzamos ahora la paciencia, la longanimidad y hasta la caridad, con el deseo de que se enmiende. Apliquemos diversos remedios al mal y utilicemos diferentes emplastos de mansedumbre, de amenazas, de súplicas y de advertencias; y todo ello, sin esperar más bien que el que Dios quiera obrar por sí mismo. Nuestro Señor no expulsó a san Pedro por haberlo negado varias veces; ni tampoco a Judas, aunque tuvo que morir en su pecado. Por eso creo que su divina bondad querrá que se muestre también ampliamente la de la compañía sobre nuestros díscolos, para no ahorrar ningún esfuerzo a fin de ganarlos para Dios. Solamente al final es cuando hay que llegar a despedirlos, cuando no haya más remedio.







