Nos encontramos en medio de una gran pena por una pérdida importante que acaba de sufrir la Compañía en la persona del buen padre Brunet, del que me ha escrito usted tantas cosas buenas y de quien realmente nunca acabaríamos de hablar bien. Dios ha dispuesto de él el 24 de julio. También ha muerto otro gran siervo de Dios, que se ocupaba principalmente del hospital de presos de Marsella y era algo así como el fundador y protector del mismo. Me refiero al señor caballero de la Coste. Pasó lo siguiente: vino un barco de Argel con la peste y le obligaron a pasar la cuarentena en la rada; durante aquel tiempo murieron todos los marineros y echaron al mar los bustos y los cabos; unos pescadores se encontraron con un colchón que flotaba, lo cogieron, lo secaron, lo utilizaron y murieron de peste; fue a confesarlos el padre Brunet y murieron en su presencia, después de haberles dado la absolución. El padre Brunet se fue al hospital, comió con el señor de la Coste y le contó lo que acababa de hacer; inmediatamente los dos quedaron también apestados. Era el día de santa Magdalena; ambos murieron dos o tres días más tarde, a la misma hora. ¡Qué pérdida para nosotros, para el hospital y para toda la ciudad! Pero Dios es el que los ha llamado; ¡bendito sea su santo nombre!
Vicente de Paúl, Carta 1179: A Esteban Blatiron, Superior En Génova

[Por el 6 de agosto de 1649]






