Puede usted sentirse feliz, padre, al verse tan ocupado en su cargo y por consiguiente en el cumplimiento de la voluntad de Dios, sin tener siquiera un poco de tiempo para pensar en usted. Dios ya piensa bastante y se encarga de los asuntos de su alma, mientras usted se encarga de los de su vocación, en la cual le ruego que le bendiga más y más.
Vicente de Paúl, Carta 1171: A Un Sacerdote De La Misión De Génova







