Me he estremecido de emoción con el recuerdo del buen padre Dieppe, que ha muerto en Argel, Nunca pensé que llegara tan lejos el buen olor de sus virtudes. El hermano Barreau me habla de él en su última carta, con nuevos sentimientos de aprecio y de pena, por haberlo conocido lleno de buenas intenciones y muy indicado para el cargo que había empezado a ejercer. ¡Quiera Dios dar a la Compañía sujetos tan inflamados en nuestra querida vocación!
Ruego a Nuestro Señor que sea él nuestra fortaleza para seguir en el cumplimiento de su eterno designio sobre usted.







