Vicente de Paúl, Carta 1141: A Las Damas De La Caridad

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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[Fréneville], 11 febrero 1649.

Señoras:

La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Aunque la providencia de Dios me ha alejado de ustedes, no dejo de verlas a ustedes con frecuencia en el santo altar y de ofrecerlas a ustedes y a sus familias a Nuestro Señor, con la confianza de que su caridad también le pide a Dios misericordia para mí. Les ruego muy humildemente que me concedan esta gracia y que estén seguras de que, si Dios quiere escuchar las oraciones que le ofrezco y le ofreceré continuamente por ustedes, se sentirán consoladas y protegidas con su especial protección, en medio de las comunes aflicciones con que su divina Majestad quiere probarnos.

Ya sabrán ustedes cómo Dios me ha dado la ocasión de ir a visitar las casas de nuestra pequeña compañía, a las que me dirijo con la idea de regresar cuando la situación lo permita. ¿Qué haremos entretanto, señoras, con las obras que Dios les ha confiado, especialmente con la Caridad del Hôtel-Dieu y con los pobres niños expósitos? Parece como si las miserias particulares nos apartasen de la preocupación por las públicas y que con ellas tendríamos un bonito pretexto ante los hombres para retirarnos de ese cuidado; pero la verdad es que no sé si será así ante Dios, que nos podría decir lo que san Pablo les decía a los corintios, que se encontraban en parecidas situaciones: «¿Acaso habéis resistido hasta derramar sangre?», o al menos, ¿habéis acaso vendido una parte de las joyas que tenéis? ¿Qué digo, señoras? Sé que hay muchas entre ustedes, y me parece que todas, que han hecho donativos que parecerían muy grandes, no sólo en personas de su condición, sino incluso entre reinas; las piedras lo dirían si yo me callase; pero hablo de ello ante la excelencia de sus corazones tan incomparablemente caritativos. Me guardaría mucho de decir lo mismo de otras personas menos animadas del espíritu de Dios que ustedes.

¿Qué haremos entonces? Parece que conviene pensar bien si es oportuno tener esa reunión general que habían propuesto. ¿Cuándo, dónde y cómo? Hay razones en pro y en contra para ello.

Parece en primer lugar que debe celebrarse, dado que es costumbre tener una por este tiempo; además, ya que las necesidades son extraordinarias, parece que los medios para remediarlas tendrán que ser también extraordinarios, como es una asamblea general.

En contra está el hecho de que no parece ser éste el tiempo oportuno, debido a la agitación en que estamos, que inquieta a los espíritus y enfría la caridad; quizás tengan miedo de acudir algunas damas y las que acudan, si no tienen una caridad por encima de lo común, se enfriarán mutuamente; además, como no está La señora princesa ni las señoras de Aiguillon y de Brienne, se echaría algo en falta, sobre todo si se piensa en hacer algún cambio en lo sustancial de la obra.

Estos son, señoras, los pros y los contras que por ahora se me ocurren. Examinen todo esto, si les parece bien, y aténganse a la mayoría de votos. La señora de Aiguillon me dijo, cuando salí de Saint-Germain, o me escribió luego, que la reina le había dicho que enviaría algo para los pobres niños expósitos. No sé si lo habrá hecho. Le he pedido al padre Lamberto que les envíe algo de trigo, y le he escrito a la señora presidenta de Lamoignon que acepte tratar con las autoridades de la ciudad para que den escolta al trigo, dentro y fuera de ella; tampoco sé si se ha hecho; si no se ha hecho, les ruego al uno y a la otra por medio de esta carta que procuren hacerlo cuanto antes.

Y como esto no basta, miren ustedes a ver si conviene pedir en préstamo, a nombre de las encargadas de la Caridad, una cantidad de dos mil o tres mil libras, para atender a las necesidades más urgentes. Le escribo al padre Lamberto que se comprometa también él en nombre nuestro; y si le cuesta obligarse, tendremos que hacer todos un esfuerzo para ello; en ese caso, le ruego al padre Lamberto que haga lo necesario por nuestra parte. Les confieso que cuanto les digo resulta un poco duro, pero lo sería más si se lo dijese a personas menos caritativas que ustedes. Le pediré de todos modos a Nuestro Señor, que preside las reuniones que se celebran en su nombre, que les dé a conocer lo que desea de ustedes en esta ocasión y que les conceda la gracia de cumplirlo.

Estos días tan fríos me han retenido en este lugar, Y seguiré aquí hasta que el tiempo mejore; espero partir entonces para Le Mans o para Angers o para ambos sitios; allí espero recibir el resultado de su reunión, si no me lo envía aquí el padre Lamberto en correo expreso.

Entretanto ruego a Dios que bendiga y santifique cada vez más su reunión y sus queridas almas.

Soy en el amor de Nuestro Señor su…

VICENTE DEPAUL

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