Non parum aegre tuli quod me invaletudo corporis et negotiorum multiplic[ium] ingruentium accumulata turba prohibuerit, ne ei quo me praevenire dignata est Dominatio Sua Illustrissi]ma honori meis utcumque satisfacerem litteris. Huic gratiae impares in me gratias agnosco, ut et iis quibus nostros antehac Romae in dies prosecuta est beneficiis. Sed D[omi]nus retribuet pro me; imo jam pauperum fidejussor Christus exuberantissime respondit ad votum et ad m[eritum], eum eligens in episcopum, qui prodesse velit et proeesse sciat, qui, prudent[ia et] moribus praeeminens, cathedram sanctorum implere sufficiat. Laetat[us sum] in his et superabundo gaudio quod sic magnifice exaltaverit Deus [provi]dentiam suam, ut eum qui de virtute profecerat in virtutem, de [honore] etiam promoveret in honorem. Confidimus autem in D[omi]no et speramus [ut qui] vos ad magna in bonum Ecclesiae provexit, etiam in idipsum sublim[et] ad majora. Cum ultra gratiarum actione preces affectuosas offerim[us pro h]is. Qui segregavit vos ad dandam scientiam salutis plebi suae, ipse in b[onum] v[est]ros continuet Ecclesiamque v[est]ram sine maculis et rugis sub v[est]ra prov[identia] conservet. Haec eo vel maxime speramus quo Deus tumultuantes ibi [discordiarum] et belli nascentis fluctus tranquillavit ad pacem, pro qua eum incessanter [deprecari] non desinimus. Quod autem nostros suis continuo juvat consiliis et specia[li prose]quitur benevolentia, his ego non quales volo sed quales valeo, refero grati[as]; precibus respondebo et votis; et quod meae exiguitatis impotentia non prae[bet], exuberans munificentia illius exolvet qui de thesauris suae gratiae multi[plicis] erogat universis. Interim, si quando me jussis suis cohonestare dignetur, [me] semper in obsequio suae Dominationis Ill[ustrissi]mae experietur promptissimum.
V[est]rae Illu[ustrisi]mae et R[everendissi]mae Dominationis humillimus necnon devotissimus in D[omi]no.
VINCENTIUS A PAULO,
Indignus superior generalis congregationis Missionis
Parissis, nonis novembris 1648
A UN OBISPO RECIEN ELEGIDO.
He sentido mucho que mi enfermedad y la multitud de mis ocupaciones me hayan impedido contestar antes al honor que Su Ilustrísima ha querido concederme. Me reconozco incapaz de agradecerle dignamente este favor y todos los demás beneficios con que hasta el presente ha colmado a nuestros hermanos de Roma. Dios pagará por mí esta deuda de gratitud. Y Nuestro Señor, que responde por los pobres, ha contestado ya abundantemente a mis deseos escogiendo para el episcopado a un prelado que quiere hacerse útil, que sabe gobernar, que se distingue por su prudencia e integridad de costumbres y promete ser un digno sucesor de los santos. ¡Cuánta ha sido mi dicha y mi contento al ver cómo Dios ha dirigido el curso de los acontecimientos, haciendo que después de crecer de virtud en virtud, camine usted de honor en honor! Confiado en el Señor espero que, después de haberle conducido a tan altos destinos, para bien de su Iglesia, lo elevará más todavía. Con nuestro agradecimiento le ofrecemos también nuestras afectuosas oraciones. ¡Quiera aquel que le ha escogido para dar la ciencia a su pueblo, mantener a sus ovejas en el bien y conservar a su iglesia sin mancha ni arruga bajo su gobierno pastoral! Lo esperamos con mayor confianza al ver cómo Dios ha aplacado aquí los tumultos que surgían como olas tempestuosas y ha hecho cesar la guerra que nos amenazaba. Gozamos actualmente de paz, que esperamos seguir manteniendo con su gracia. En cuanto a los consejos y la benevolencia con que usted se digna favorecer a nuestros hermanos, le doy las gracias, no ya en la medida de mi obligación, pero sí en la de mis fuerzas; responderé a ellos con mis oraciones y mis mejores deseos. Lo que la impotencia de mi pequeñez es incapaz de ofrecerle, lo recibirá usted de la liberalidad superabundante de aquel que hace participar a todos los hombres de los tesoros de su gracia.
Si entretanto Su Ilustrísima quiere honrarme con sus órdenes, siempre me encontraré dispuesto a la más pronta obediencia.
De Su Señoría Ilustrísima y Reverendísima, muy humilde y devoto servidor,
VICENTE DEPAUL,
Indigno superior general de la congregación de la Misión.
París, día de las nonas de noviembre de 1648.







