París, 25 septiembre 1648.
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Perdóneme si le escribo por medio de un secretario, ya que estoy muy ocupado. Alabo a Dios por los sentimientos del señor cardenal, por el que siento un gran respeto y reverencia y me gustaría que él pudiera personalmente comprobarlo: conocería que nunca ha habido nadie que le venerase tanto como yo. También bendigo a Dios por la caridad de esos señores co-fundadores. Le ruego al señor cardenal que sea él quien bendiga la capilla de la casa.
Me siento muy consolado por el orden que el señor cardenal ha decidido poner en su seminario, mandándoles hacer ejercicios espirituales. Ruego a Nuestro Señor que los santifique con su gran misericordia.
Tiene usted razón al poner algunas dificultades para recibir a ese buen religioso. Le ruego que soslaye este asunto y deje obrar a la divina providencia. De todos modos, si usted cree que saldrá bien la cosa y él insiste mucho, puede usted intentarlo.
Le enviaremos al hermano Claudio lo antes que se pueda; ha ido a tomar aguas a Moulins; si hubiera estado aquí, se lo hubiéramos mandado. Desea aprender a amasar el pan y a hacer sangrías. Necesitará unos 20 días para ello. Entretanto le enviaremos dos, para que no se quede usted sin nadie; si le parecen demasiados, envíelos a Roma.
Le amo en Nuestro Señor con el corazón que usted sabe, que siente por usted un cariño inexpresable. Saludo a su familia, postrado en espíritu a los pies de todos y quedo de usted muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL,
i. s. d. l. M.
Me olvidé de decirle que me ha conmovido mucho esa catástrofe que usted me dice que ha sucedido en G[énova]; se lo he dicho a la compañía y los sacerdotes han celebrado todos para dar gracias a Dios por no haber sido el daño tan grande como se [temía] y para que quiera Dios conservar a esa ciudad sin peligro; los hermanos comulgarán también por esa intención, si Dios quiere.
Soy en el amor de Nuestro Señor.
Dirección: Al padre Blatiron, superior de la Misión de Génova.







