París, 26 abril 1648.
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Sí, padre, haga el favor de ir a darle las gracias al señor arzobispo de Tours; su caridad y la amabilidad que nos demuestra merecen ese viaje. Al testimoniarle su gratitud, dele a conocer también la mía y suplíquele que acepte de nuevo el ofrecimiento de mi obediencia, que le hago por medio de usted con toda la humildad que me es posible.
Le doy gracias a Dios por la nueva dignidad de los padres Constantin y Manceau; salúdeles de mi parte y dígales que le pedí y le seguiré pidiendo a Nuestro Señor que les dé siempre nuevas disposiciones para el Sacrificio y la gracia de no ofrecerlo jamás por costumbre; que les ruego que se acuerden de mí, cuando pronuncien el Nobis quoque peccatoribus, como del mayor pecador que hay en la tierra. Con este mismo fin me encomiendo también a sus oraciones y a las de su comunidad, a la que ofrezco todo mi corazón y todo cuanto soy, a pesar de no ser más que lo que le acabo de decir.
Me alegra mucho saber que el padre du Coudray se porta mejor y la libertad que usted le concede para que se quede en Bois-Bouchard. Le conjuro, padre, que le tolere usted en esto y en lo demás, todo lo que pueda, y a mí particularmente, ya que soy en el amor de Nuestro Señor soy muy humilde y obediente servidor,
VICENTE DEPAUL,
Indigno sacerdote de la Misión.
No le contesta el padre Lamberto porque, al salir de su retiro, en el que honró el de Nuestro Señor en el vientre de su incomparable Madre, quiso honrar también el de su infancia, quedándose en el seminario, en donde entró hace cuatro o cinco días, Dios sabe con cuánta humildad y cuánta edificación de]a Compañía.
Al pie de la primera página: Padre Gautier.







