Tours, 3 abril 1648.
Padre:
¡Su bendición!
Llegué felizmente a Tours en compañía del señor de Bloye, que nos conduce por orden del señor de Flacourt. No podía habernos dado un hombre de mejor trato, no sólo en lo temporal, sino también en lo espiritual. Puedo asegurarle que he recibido de él más edificación que de ninguna otra persona de su condición, cantando y excitando a los demás, por la mañana y la tarde, a cada hora, a la devoción. Espero que Dios quiera servirse de él en Madagascar, pues veo en él tanto ardor como podría desearse y tantos deseos de extender la gloria de Dios en aquellos pueblos, no sólo por medio de otros, defendiéndoles con su autoridad, sino también por las instrucciones familiares que tiene pensado hacerles. Ya ha empezado su misión, enseñando a comulgar, el Padrenuestro y el Credo; en una palabra, es un sol en medio de varias estrellas; y yo no soy más que tinieblas, por culpa de mis imperfecciones, en medio de esas luces. Le gustaría que se entregasen a Dios muchos eclesiásticos para la conversión de la isla. Y así me lo ha manifestado. Pues, al encontrarse con un buen sacerdote que buscaba acomodo, se sintió impresionado al conocer la buena voluntad que tenía de servir a Dios en aquel país y, después de haber sondeado en su interior, lo juzgó muy indicado para ello, ya que asegura que no es su propio interés el que le mueve a ir a aquel lugar, sino la pura gloria de Dios, con deseos de sufrir, de obedecer, de trabajar y de padecer el martirio, si fuera necesario. ¡Bendito sea Dios por haberle comunicado ese espíritu! Está esperando noticias de usted lo antes que sea posible, pues podrá adquirir algunas cosas para allá, con tal que usted obtenga la aprobación del señor nuncio, de quien [soy], como igualmente de usted, el más humilde servidor,
N. GONDREE
Indigno sacerdote de la Misión.
El señor de Bloye, el señor Galiot, el señor Rufin y el resto de nuestra cuadrilla se encomiendan a sus santas oraciones y a las de la Compañía. Cree usted que sólo vamos dos misioneros, pero ellos me han asegurado que no iríamos solos; harán todo cuanto puedan por ayudarnos y, para coronar su trabajo, irán a visitarle a usted, como algunos me lo han prometido, para darle gracias a Dios por su viaje, haciendo un buen retiro, como algunos ya han hecho. ¡Dios quiera que puedan llevar a cabo estos propósitos!
El señor de Bloye le ruega que haga el favor de dirigir sus cartas al señor Henry, en La Rochelle, adonde ha llevado a aquel buen sacerdote, que me ha enseñado todos sus documentos en regla. Ese buen sacerdote me indica que le diga que espera con impaciencia su respuesta; todos estamos con las mismas ganas de saber el resultado de este asunto. El nombre de este sacerdote es Abrahán Louvel, de la diócesis de Le Mans.
Padre, le envío la presente únicamente para satisfacer los deseos del señor de Bloye, que quiere saber su voluntad sobre dicho sacerdote, que ha sido coadjutor en muchas ciudades y parece muy fino, algo ignorante, y que ha sido rechazado en Orléans; en una palabra, no creo que nos podamos entender con él. Esperamos su respuesta.







