París, último de mayo de 1647.
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Su carta ha producido en mí dos efectos contrarios: me alegró, por venir de usted, a quien quiero con tanto afecto; pero me entristeció, al ver que tiene usted enfermo al pobre padre Blatiron. Tengo miedo de que le ocurra algo malo a su salud, si Dios no lo conserva, como espero, ya que nadie hace tanto trabajo si no es por pura obediencia.
No menos preocupado me siento por usted, pues, como dice el mismo padre Blatiron, está usted metido en muchos trabajos y preocupaciones; le ruego sin cesar a Nuestro Señor que sea él su fuerza en medio del ajetreo y su eterna recompensa.
Creía que ya le había llegado la ayuda de Roma, de modo que mi espíritu se sentía aliviado al creer que lo estaban ustedes cómo es que no ha llegado, si ya hace tanto tiempo que les pedí a los de Roma que lo enviaran? En fin, padre, roguemos a Nuestro Señor que todo se haga a gusto de su providencia y que nuestras voluntades estén tan sujetas a él que entre él y nosotros no formemos más que una sola voluntad, gozando de su único amor en el tiempo y en la eternidad.
Con este deseo, padre, soy su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL,
i.s. d.l.M.
Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión, en Génova.







