24 mayo 1647.
No sé si tengo que urgirle para que se tome algún descanso, pues bien sabe usted que el mayor contento que podría usted darme en este mundo consiste en cuidar de su salud. Cuídese, por amor a Nuestro Señor, y deje que yo le invite a que modere sus trabajos, mientras que otros le empujan a incrementarlos. Excúseme apelando a mis órdenes y dígales que es demasiado lo que le piden.







